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jueves, junio 13, 2024

La Ascensión del Señor: Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales    

 

Practicando el perdón y el amor ser testigos de su vida inmortal y gloriosa.

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1ª lectura: Hechos de los apóstoles 1,1-11.  

Salmo: 46 Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.    

2ª lectura: Efesios 1,17-23.

Evangelio: Lucas 24,46-53.  

Comentario: En un mundo donde es fácil maldecir, denigrar, condenar, hacer daño…es importante aprender a vivir desde una actitud de respeto y amor a la vida y a las personas. Desde la agresividad, la hostilidad, el mensaje del miedo, la indiferencia… no es posible que nadie nos bendiga, ya que bendecir es desearle a alguien todo el bien posible, desde lo más hondo de nuestro ser, evocando la presencia bondadosa del Creador; fuente suprema de todo lo bueno, para que actúe en su beneficio. Jesús quiere transformar este mundo para hacerlo más humano, amable, solidario… esa es su actitud, a eso dedica su vida y sus enseñanzas a los discípulos; estos deben de aceptar con todo realismo su proyecto y también lo ocurrido en la cruz. La Ascensión es lo mismo que la  Resurrección, ambas se conciben como la exaltación gloriosa de Jesucristo a la derecha de Dios.

El tiempo de Pentecostés es; el periodo necesario para, después del aprendizaje, afianzar la fe de los discípulos; la prueba evaluadora de sus enseñanzas en ellos; cuarenta días que recuerdan los cuarenta años del pueblo de Israel bajo la pedagogía de Dios; los cuarenta días de Moisés en el Sinaí para recibir el decálogo de la ley de Dios; los cuarenta días de Jesús guiado por el Espíritu en el desierto antes de iniciar su misión.

Todos necesitamos ese periodo de reflexión para abrirnos al Espíritu Santo. San Lucas nos habla de que ese tiempo extraordinario está llegando a su fin y que de la mano del Resucitado, también nosotros hemos de abrirnos al Espíritu Santo para realizar la misión y la tarea encomendada a todos los humanos y para la que Dios se encarnó en Jesucristo, tarea que debe de abarcar los confines de la Tierra y que no es otra que instaurar el Reino de Dios de: verdad, justicia, paz, amor, respeto por la existencia y por la vida, en armonía y en felicidad. Ya ha pasado el tiempo de la formación y preparación, ahora es el de nuestra acción desde la experiencia de que el Maestro sigue vivo en medio de nosotros aunque haya sido crucificado, porque su mensaje y su revolución desde el perdón y el amor no pueden quedar en el olvido.

Esa es nuestra misión como evangelizadores, hacer realidad la Esperanza en un mundo mejor desde la fe y desde la caridad. La Resurrección de Jesús, su Ascensión a la Gloria de Dios no supone romper con la Tierra, con la Historia, con todo lo que ha sido su compromiso con los suyos y con todos los humanos, por eso es necesario este tiempo  para que los discípulos rompan sus miedos y salgan a evangelizar desde la fuerza que les da el Espíritu Santo que les acompañará siempre. Hasta ese momento todo lo ha hecho Jesús y Dios con él; ahora llega el momento en que la Iglesia, comunidad, salga de sí mismo y resucite de sus miedos afrontando la tarea evangelizadora predicando con el ejemplo. No debemos quedarnos mirando al cielo esperando la nueva venida de Jesús al final de los tiempos, sino vivir para transformar la historia por medio de la palabra y del Espíritu de Jesús, con la mirada en los hombres para llenar este mundo de vida digna, humana y feliz sabiendo que Dios está ahora con nosotros.                                    

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