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sábado, abril 20, 2024

Caty Prieto (Psicóloga): ¿Qué es la parentalidad positiva?

El Centro de Psicología y Aprendizaje «Los Pinos» nos acerca ante la proximidad del Día Mundial de la Infancia (20 de noviembre), en el que se conmemoran los aniversarios de la adopción de la Declaración Universal de los Derechos del Niño (1959) y la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño (1989), algunas cuestiones relativos a estos.

Partiendo de la base de que todos los miembros de nuestra sociedad —padres y madres, maestros, personal sanitario, dirigentes, líderes religiosos, la sociedad civil y los medios de comunicación— desempeñan un papel clave en el bienestar de la infancia.

Con la psicóloga Caty Prieto, profundizamos sobre la parentalidad positiva.

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OK: ¿Qué es la parentalidad positiva?.

Caty Prieto (Psicóloga): La parentalidad positiva, tal como se definen en la políticas europeas en línea con las normas de la ONU para garantizar los derechos del niño, de la niña y del adolescente, se refiere «al comportamiento de los padres fundamentado en el interés superior del niño, que cuida, desarrolla sus capacidades, no es violento y ofrece reconocimiento y orientación, que incluye el establecimiento de límites que permitan el pleno desarrollo del niño». Según esta definición, el objetivo de la tarea de ser padres y madres es el de promover relaciones positivas en la familia, fundadas en el ejercicio de la responsabilidad parental.  

OK: ¿En qué consiste ejercer una parentalidad positiva? .  

 Caty Prieto (Psicóloga):Parentalidad positiva se refiere a promover vínculos afectivos sanos y protectores estables de los y las menores, en las que los progenitores proporcionan un entorno donde se transmiten normas y valores, se brinda apoyo y oportunidades de aprendizaje bajo el reconocimiento de logros y capacidades (todo ello libre de cualquier violencia, pueda ser física, verbal y/o emocional).

 La parentalidad es un ciclo intergeneracional dependiendo del estilo de crianza recibido por los padres. No obstante, la persona puede ser consciente de que ha recibido un estilo de crianza inadecuado y fomentar sus habilidades para el desarrollo de una parentalidad positiva en la familia que ha creado.

OK: ¿Cómo ha afectado este cambio cualitativo en el ejercicio de ser padres?.

 Caty Prieto (Psicóloga):Ha afectado muchísimo ya que se trata de sustituir el concepto de autoridad parental, centrado en lograr metas de obediencia y disciplina en los hijos e hijas, por otro más complejo y demandante como es el concepto de responsabilidad parental.

  Hay mucho desánimo entre los padres y madres, quienes en ocasiones se ven impotentes en su tarea al no saber qué hacer para lograr metas educativas tan complejas y sentir, al mismo tiempo, que están perdiendo control sobre sus hijos e hijas.

  Otra realidad es el cambio de modelo de familia en el que muchas personas educan en solitario sin contar con redes de apoyo apropiadas.

OK: ¿Qué pautas podrías dar a los padres para mejorar su estilo educativo?.

Caty Prieto (Psicóloga):Algunas pautas básicas para mejorar el estilo parental serían:

  1. Piense antes de actuar, es necesario estar con su hijo con estabilidad emocional (“no montañas rusas”), sin impulsividad, respirar profundo, descargar y canalizar las emociones negativas antes de afrontar un nuevo aprendizaje con su hijo, poner una norma, escuchar las quejas de un hijo, o más aún corregir algo que hizo mal.
  • Fomentar la autonomía de su hijo: no ayudar en todo  (les motiva la autonomía) que cada vez tenga más responsabilidades y las actividades “sin criterio” puede ayudar a que tenga su propio “reinado”.
  • Lo importante es la estabilidad en el día a día (sistematicidad y consistencia). Tener un marco de referencia y de funcionamiento ordenado; con normas claras y consensuadas, sin gritos, sin prisas, con pocos imprevistos, y haciendo un balance que respete cada día cuatro principios fundamentales:
    • La “Ley de la abuelita”: primero obligación luego devoción. Primero actividades no preferidas o costosas y luego actividades preferidas, en las que tiene habilidades y que le gustan.
    •  Todas las semanas hacer al menos una de las llamadas “actividades sin criterio” para fomentar su autonomía.
    • Por el contrario, hay actividades que claramente tienen criterios, que tienen unos límites (el respeto a lo propio y lo ajeno) y normas (sobre cómo tienen que estar hechas, horarios a las que hacer, etc); que si se saltan ponen en peligro los privilegios anteriores.

No ser permisivos con las normas ni los límites.

  • Comunicación y consistencia: Exprese lo que espera con claridad. Las normas deben ser exhaustivas y completas, garantizando que su hijo las ha entendido. Muestre a su hijo que normas tienen excepciones y cuales no son negociables. Razonar con su hijo aquello que se puede y se debe razonar, nunca tras un mal comportamiento.                       El “porque lo digo yo” (“cuando seas padres comerás huevos”) es válido cuando mucho antes ha quedado claro lo que no es negociable, cuando sabemos que no lo entenderá, cuando su hijo se lo pide de manera poco adecuada.
  • Cuidemos los modelos: “prediquemos con el ejemplo”. Muestre con su comportamiento diario aquello que quiera promover en su hijo. Indirectamente, describa y valore los modelos positivos de su entorno. Refuerce el seguimiento de ejemplos adecuados o el no seguimiento de los inapropiados.
  • Elogiar sus logros sin vincularlo al afecto que sentimos por ella (no “chantajes emocionales” sutiles o no intencionados o accidentales). Valorar lo más continuado posibles los logros y comportamientos positivos y constructivos, por poco que parezcan. sin poner “peros”, sin compararlos con los fallos, sin traer otros problemas anteriores, aprendiendo a pasar página, a valorar cada “problema en su nido”, a “no poner el parche antes de que salga el grano” ….
  • Tenga paciencia con usted mismo. Está aprendiendo con su hijo. En ese proceso, un padre se frustra, se siente orgulloso, no sabe qué hacer, se alegra, se emociona, se desespera, mantiene la calma, etc.
  • Valore el camino que ha recorrido como padre y el esfuerzo que le ha supuesto llegar donde está.
  • Participe de los logros de su hijo y comparta con él sus pequeños fracasos. Aprovéchelos como una oportunidad para seguir creciendo juntos.
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