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lunes, mayo 20, 2024

Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor

1ª lectura: Hechos de los Apóstoles  10,25-26.34-35.44-48.Salmo: 97 El Señor revela a las naciones su salvación.   2ª lectura: 1ª carta de San Juan 4,7-10.Evangelio: Juan 15,9-17.

En nuestro mundo, y según nuestros acontecimientos históricos recientes, se hace más necesario que nunca volver la mirada hacia Jesús Nazareno y acoger esa manera nueva de entender a Dios y al ser humano. La humanización del mundo es tarea de todos a todos los niveles, por eso es muy importante que ante el encuentro con el otro digamos como San Pedro a Cornelio: «levántate que soy un hombre como tú» Se hace necesario, más que nunca, recuperar ese concepto y esa lección de que ante Dios todos somos iguales y hermanos. De que sabemos, como decía el Maestro; que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos y los grandes las oprimen con su poder. Lo cual no ha de ser así entre nosotros; quien quiera llegar a ser grande sea el servidor de todos; de la misma manera que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida como rescate por muchos.

La señal inconfundible de la salvación universal es la acción del Espíritu Santo actuando sobre el ser humano; un camino iniciado por Jesús Nazareno; lento, pero seguro y en avance. Una acción desde el amor, ya que Dios es amor y todo aquél que ama de verdad ha nacido de Dios y conoce a Dios.

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En un mundo regido por las relaciones comerciales, la riqueza, el poder, el egoísmo, la mentira… es muy difícil comprender la vida y la felicidad desde la entrega desinteresada por amor al otro, por eso es imposible amar al prójimo si antes no experimentamos el amor de Dios a la humanidad a través de Jesús Nazareno y de su vida entregada por nosotros para nuestro bien.

Dios va siempre por delante abriéndonos el sendero a través de su Hijo; Jesucristo, que se nos revela como camino, verdad y vida. Sólo desde la aceptación del Dios creador y dador de vida; misericordia y bondad infinitas, y desde su entrega amorosa a nosotros, podemos comprender y llegar a nuestra donación gratuita por la otra persona semejante a mí. La raíz y el punto de referencia es siempre el Padre; Jesús refiere siempre su vida a Él y a cumplir su voluntad y nos pide a nosotros hacer lo mismo; amándonos y  guardando sus mandatos. El amor es la raíz, los canales los mandamientos y nuestra respuesta ética el resultado necesario para que exista la verdadera comunión entre el Dios de la vida y los seres humanos entre sí.

Esta es la felicidad y la alegría que Jesús Nazareno quiere darnos, la que desborda su corazón y disfruta para siempre por su misión cumplida y gracias a su resurrección que también desea y pide para sus seguidores. El mundo necesita testigos fieles y coherentes del amor y de la esperanza a la que Dios nos llama. Sin el verdadero amor mutuo no es posible cumplir los demás mandamientos. Desde el amor de Dios ya no somos sus esclavos, ni de nadie, sino amigos y hermanos, y no hay amor más grande que el dar la vida por todos ellos.            

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