Por Francisco Javier Reina Jiménez
Cronista Oficial de la Villa de Puente-Genil
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El próximo viernes 23 de octubre, el Teatro Circo de Puente–Genil acogerá un gran homenaje al compositor, letrista flamenco y exconcejal de Festejos, una figura querida que hizo de la cultura, las tradiciones y el compromiso con su tierra una forma de entender la vida.
Hay personas que dejan huella por lo que hacen y otras que, además, permanecen en la memoria por la manera en que hicieron sentir a quienes tuvieron cerca. Emilio Pozo Leal pertenecía a esa clase de hombres. Pontanés hasta la médula, comprometido con sus ideas, apasionado del flamenco y defensor de las tradiciones de su pueblo, supo encontrar en las palabras una forma de expresar los sentimientos propios y ajenos. Escribió sobre el amor y el desamor, sobre las faenas del campo, sobre las injusticias, sobre la sociedad y la política, sobre las cosas sencillas de la vida y, sobre todo, sobre aquella tierra que nunca dejó de llevar consigo.
Nacido en Puente–Genil el 18 de junio de 1953, Emilio falleció el 26 de febrero de 2026, a los 72 años. Su muerte causó una profunda conmoción entre familiares, amigos, artistas y vecinos que encontraron en él mucho más que a un compositor o a un antiguo responsable municipal pues quienes lo conocieron recuerdan a un hombre alegre, amable y campechano, fiel a sus convicciones, cercano en el trato y siempre dispuesto a colaborar con quienes compartían su amor por la cultura popular. Su legado, repartido entre las letras flamencas, los escenarios, las celebraciones y la vida pública de Puente–Genil, explica por qué su ausencia sigue tan presente.
La relación de Emilio con el flamenco se remonta a su juventud y nació de la escucha atenta de los grandes maestros. Entre sus referencias figuraban Canalejas de Puerto Real, el Gordito de Triana, la Paquera de Jerez, Antonio Mairena y, de manera muy especial, Fosforito, el gran cantaor pontanés cuyo nombre ha dado identidad a uno de los festivales flamencos más reconocidos de Andalucía, sin olvidar a sus paisanos Juan García «Niño Hierro», Perico Lavado, Maestro Chicano, Antonio Ranchal —lucentino afincado en Puente-Genil—, Jiménez Rejano, Francisco Baena «Frasquito», Julián Estrada, David Pino o Vicente Cáceres, referentes imprescindibles que lo marcaron en un sentido u otro, aunque Emilio no se conformó con disfrutar del cante, descubrió que también podía aportar algo propio a ese universo. En su caso, el camino no fue el de la guitarra ni el del escenario como intérprete —aunque en Barcelona se subiera a ellos como tal— sino el de la palabra. Comprendió que una letra flamenca debía contener, en unos pocos versos, toda una historia, una herida, una denuncia o una manera de mirar el mundo y se dedicó a escribirlas con la convicción de quien sabe que el flamenco no es solamente una música, sino una forma de contar la vida.
Su estancia en Barcelona, donde entró en contacto con la canción de autor, contribuyó a ampliar aquella inquietud literaria y a afianzar su necesidad de unir las palabras a las emociones que lo agitaban. De regreso a su entorno, fue construyendo una obra personal que encontró en los distintos palos flamencos el cauce adecuado para expresar una mirada abierta sobre la existencia y es por ello que sus letras hablan de los sentimientos más íntimos, pero también de la realidad social, de la política, de las labores del campo y de la memoria de su pueblo. En ellas conviven la hondura del cante y la observación de la vida cotidiana, porque Emilio sabía que la poesía no necesita alejarse de la gente para alcanzar profundidad; a veces basta con saber escuchar lo que sucede alrededor y encontrar las palabras precisas para contarlo.
Esa capacidad le permitió establecer una estrecha relación con numerosos artistas. Cantaores como Julián Estrada, Miguel de Tena, Bernardo Miranda, Rubito Hijo, El Niño de Peñaflor, Raúl Alcántara «El Troya», Rocío Márquez, Jiménez Rejano, Jorge Vílchez, David Pino, Óscar González y Antonio Nieto, entre otros, han interpretado o difundido letras de su autoría. Su obra también llegó a intérpretes de su entorno y a jóvenes artistas de la copla, como Carmen Cabezas, a quienes apoyó con la generosidad de quien deseaba que las nuevas generaciones encontraran oportunidades para crecer. Con algunos de estos artistas mantuvo colaboraciones prolongadas, de las que surgieron grabaciones y proyectos musicales. Especialmente significativa fue su relación con el grupo rociero «Los Jarales», cuyos trabajos discográficos se nutren casi en su totalidad de sus letras. Para ellos escribió canciones vinculadas a las tradiciones populares y al folclore, incluidas composiciones navideñas que encontraron su lugar en el repertorio de este acreditado grupo local. También dejó su firma en la música que acompaña la vida de las hermandades pontanesas. Su especial vinculación con la Hermandad de San Marcos, de la que llegó a ser presidente, y con la de Nuestra Señora de los Desamparados, se tradujo en numerosas sevillanas que han alcanzado gran popularidad. En ellas volvía a manifestarse esa cualidad tan suya de convertir los afectos, las costumbres y las devociones compartidas en canciones capaces de arraigar en la memoria colectiva. Su creatividad traspasó igualmente las fronteras del flamenco. Emilio fue el autor del himno del club de balonmano «Ángel Ximénez Puente Genil», que ha llevado el nombre de la localidad por las principales canchas del país. Era otra forma de contribuir a la identidad de su pueblo, esta vez desde el deporte, demostrando que la palabra y la música podían acompañar a una comunidad en escenarios muy distintos.
Parte de su producción quedó recogida en el libro «117 cantares y un romance por bulerías», una antología de composiciones concebidas para ser cantadas en diferentes palos flamencos. El volumen permite acercarse a la variedad de su escritura y a una obra que no pretendía permanecer encerrada en el papel, sino encontrar su verdadera dimensión en la voz de los intérpretes. El reconocimiento a su trabajo llegó también desde el ámbito especializado, obteniendo en 2018 el primer premio del V Concurso de Letras Flamencas organizado por la Asociación Cultural Flamenca La Fragua de La Isla, en San Fernando, donde recibió el Premio Manuel Machado, un galardón que reconocía su capacidad para renovar el repertorio flamenco mediante la creación de letras nuevas, sin renunciar a la tradición que les daba sentido.
Entre sus trabajos discográficos destaca «Fandangos incorrectos», producido por el Colectivo Contracultura en 2018 y cantado por Óscar González, con la colaboración especial de Miguel de Tena y Niño de Pura. El disco reúne composiciones cuyos títulos son todos obra de Emilio Pozo, acompañado musicalmente por los guitarristas Sergio Gallardo y Domi Serralbo, el violinista Lovera y los coros de Víctor Carrasco. La publicación mereció también el elogio del flamencólogo José Luis Ortiz Nuevo, quien encontró en el autor pontanés las cualidades del poeta popular capaz de hacer confluir pensamiento, sentimiento, conocimiento y talento en unas coplas de aparente sencillez y honda expresividad. Una obra que confirma que la escritura de Emilio no se quedó en los cuadernos ni en las letras entregadas a otros artistas, sino que encontró su lugar en una producción discográfica propia de identidad bien definida. Emilio imaginaba espectáculos, buscaba nuevas formas de acercar la poesía al flamenco y trabajaba para que la tradición siguiera dialogando con otras expresiones culturales.
De esa voluntad nació «Letras de Oro en expresión flamenca», una de sus propuestas artísticas más ambiciosas. Concebido por Emilio Pozo Leal, el espectáculo tendía un puente entre el cante jondo y la literatura del Siglo de Oro español. Los versos de grandes escritores se incorporaban a los distintos palos flamencos, demostrando que la hondura de la poesía clásica podía encontrar una nueva vida en la música y el movimiento.Para llevar a escena aquella idea contó con Javier Latorre, bailaor y coreógrafo galardonado con el Premio Nacional de Danza, cuya dirección artística y coreográfica dio forma al montaje. La producción de su hijo Marcos Pozo contribuyó a materializar el proyecto, que reunió a artistas como los cantaores Bernardo Miranda y Jeromo Segura, los bailaores Yolanda Osuna y Alejandro Rodríguez y las guitarras de Manuel de la Luz y José Tomás. El Teatro Circo de Puente–Genil acogió su estreno absoluto el 30 de abril de 2018 y la propuesta encontró una cálida acogida y posteriormente recorrió otros escenarios andaluces, llevando consigo aquella singular unión entre literatura y flamenco, demostrando que Emilio no solo sabía escribir letras para el cante, sino también concebir proyectos capaces de ampliar sus horizontes artísticos.
La vida de Emilio tuvo otra vertiente inseparable de su personalidad: la política y el servicio público. Militante comunista y vinculado a Izquierda Unida, fue concejal del Ayuntamiento de Puente–Genil y estuvo al frente de la Delegación de Festejos, Aldeas y Abastos entre 1999 y 2007. Desde aquella responsabilidad trabajó para que las fiestas fueran espacios de encuentro y participación, en los que los vecinos pudieran reconocerse como parte de una misma comunidad. Su paso por Festejos se asocia al impulso de las Cruces de Mayo, al entoldado de La Matallana durante la feria de agosto, a la inauguración pública del alumbrado navideño y a la promoción de las celebraciones y tradiciones que conforman el calendario sentimental de Puente–Genil. Su manera de entender la gestión cultural estaba ligada a su propia forma de vivir, conociendo las asociaciones, las hermandades, las peñas y los colectivos locales, y comprendía que detrás de cada celebración había personas que dedicaban su tiempo y su esfuerzo a mantener vivas las costumbres, de ahí su cercanía con el tejido asociativo y su apoyo a las iniciativas que daban protagonismo a los artistas y a la cultura popular. El flamenco ocupó un lugar especial en esa tarea. Como concejal de Festejos estuvo vinculado a la organización del Festival de Cante Grande «Fosforito», una cita que forma parte de la historia cultural de Puente–Genil desde 1966. Su participación en la preparación de carteles y programaciones durante aquellos años contribuyó a mantener el prestigio de un festival que ha reunido a grandes figuras del cante, el toque y el baile, rindiendo homenaje en cada edición a una figura del flamenco, acordándose no sólo de las que tenían labrada una proyección nacional e internacional sino también de aquellas de ámbito más cercano y local, pero que merecían el reconocimiento y el espacio que Emilio supo darles. Su relación con la Peña Flamenca «Vicente Cáceres» de Sotogordo, de la que llegó a ser socio de honor, confirma que su compromiso con el flamenco no terminaba cuando concluía una responsabilidad municipal, continuandoligado a los aficionados y a los artistas, compartiendo proyectos, escuchando, escribiendo y alentando a quienes trabajaban para que el cante siguiera ocupando un lugar destacado en la vida de la comarca. En Emilio convivían así el responsable público y el creador, el hombre de las letras y el amigo de los artistas. No eran facetas separadas, sino distintas expresiones de una misma pasión por la cultura y por su pueblo.
Cuando la muerte lo sorprendió, Emilio trabajaba en uno de esos proyectos que revelan hasta qué punto la creación artística puede convertirse en una tarea que acompaña toda una existencia. Se trataba del libro «Por el río de la vida», una obra que no llegó a ver publicada y que ahora, gracias al empeño de su familia y de la comisión constituida para rendirle homenaje, verá finalmente la luz. El título parece especialmente apropiado para recordar a alguien cuya trayectoria estuvo marcada por el fluir constante de las palabras, los sentimientos y las experiencias compartidas. Como el río que atraviesa la tierra pontana, su obra fue recogiendo voces, recuerdos y emociones, hasta convertirse en un cauce por el que también circula una parte de la memoria colectiva. Publicar ese libro supone mucho más que completar una tarea pendiente, significa preservar una creación que habría permanecido incompleta sin el esfuerzo de quienes han decidido continuarla y ofrecerla a los lectores y es también una manera de acercarse al Emilio que escribía, que imaginaba nuevos proyectos y que todavía tenía mucho que decir. La noticia de su fallecimiento dejó un vacío entre sus familiares, amigos y compañeros, pero también despertó el deseo de que su legado no se dispersara. De ese sentimiento nació la iniciativa de organizar un gran acto público que reuniera testimonios, recuerdos y expresiones artísticas en torno a su figura.
El próximo viernes 23 de octubre, a las 21:00 horas, el Teatro Circo de Puente–Genil abrirá sus puertas para acoger el homenaje a Emilio Pozo Leal organizado por su familia y la comisión creada al efecto. Será una cita para recordar al hombre, al amigo, al compositor y al servidor público; para escuchar las voces de quienes compartieron con él una parte de su camino y para reconocer la dimensión de una obra que ha encontrado en el flamenco su principal cauce de expresión. El acto contará con numerosos testimonios e intervenciones artísticas como las de Miguel de Tena, El Crespo Zapata (hijo de El Cabrero), Manuel Cribaño «Niño de Peñaflor», Bernardo Miranda y Jorge Vílchez, acompañados por las guitarras de Rafael Montilla «Cahaparro Hijo», David Caro y Mariano Delgado, que evocarán su trayectoria y darán vida a las letras y a los proyectos que marcaron su recorrido. Uno de los momentos más esperados será la presentación de «Por el río de la vida», el libro en el que trabajaba cuando le sorprendió la muerte y que, por fin, podrá llegar a manos de los lectores.
La entrada será gratuita hasta completar el aforo. La familia y la comisión organizadora invitan a los vecinos de Puente–Genil, a los aficionados al flamenco, a los artistas que compartieron su camino y a todas las personas que deseen sumarse a este reconocimiento, en un emotivo acto que será conducido por el periodista y divulgador flamenco Manuel Curao.
Hay homenajes que no se limitan a recordar el pasado, sino que ayudan a mantenerlo vivo y el de Emilio Pozo Leal quiere ser precisamente eso: una celebración de la amistad, de la cultura y de la palabra; un encuentro en el que su pueblo pueda devolverle, en forma de afecto y gratitud, una parte de todo lo que él le entregó.
Emilio escribió para que otros cantaran. Trabajó para que su pueblo celebrara sus tradiciones. Defendió sus convicciones y acompañó a quienes compartían sus inquietudes. Ahora serán las voces de familiares, amigos y artistas las que se unan para recordarlo. El viernes 23 de octubre, en el Teatro Circo, Puente–Genil tendrá una nueva oportunidad de decirle gracias. Y mientras sus letras sigan cantándose y sus palabras encuentren nuevos lectores, Emilio Pozo Leal continuará recorriendo, a su manera, el río de la vida.



























































