1ª lectura: Isaías 6,1-2a.3-8.
Salmo: 137 Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
2ª lectura: 1ª Corintios 15,1-11.
Evangelio: Lucas 5,1-11.
Comentario: Cada vocación humana tiene su historia y su proceso en los planes del Dios de la vida y en la respuesta personal de los seres humanos a ese Dios y a los demás. Los relatos proféticos de la Palabra de Dios actuando sobre los seres humanos nos deben de inspirar y alentar a todos a hacer, de múltiples maneras, todo el bien posible en beneficio de la vida que nos rodea y especialmente de la humana. Dios nos habla y nos llama a todos; a cualquier clase de persona; en nuestra situación social, cultural, laboral, familiar… Todo es un efecto de la interioridad; de la conciencia personal; alentado por la Palabra de Dios; por la fe, la esperanza y la caridad como dones suyos; y por una acogida responsable y coherente de cada cual a los anhelos comunes de todos.
La roca viva en la que se manifiesta todo el amor de Dios a los humanos es el propio Jesucristo que permanece resucitado, vivo y eficaz en medio de las comunidades; desde la fe en Él y en su proyecto de Reino de Dios. Hoy, como siempre, nos atenaza a los seres humanos el enigma misterioso del mal y de la muerte; y la duda sobre la resurrección de Jesucristo hace que corramos el riesgo de no actuar, desde esa fe, en un mundo frágil, saturado de adelantos científicos, técnicos, pero también de un liberalismo individualista y egoísta incapaz de dar respuesta adecuada a las necesidades y los anhelos más profundos de la humanidad.
Los prodigios de Jesucristo sobre nosotros, se producen en el marco de nuestras tareas cotidianas, pero manifestando su poder abriendo caminos en aquello que no entendemos como razonable, pero a lo que no renunciamos en atención a su palabra. Reconocer en Jesús Nazareno ese poder que viene de Dios desde nuestros errores y pecados es lo que nos redime y nos hace fuertes en nuestra fragilidad; pescadores de otras personas, débiles y frágiles como nosotros; desde ese seguimiento a Él acogiendo sus palabras y obras para el bien común desde el abandono de nuestros propios egoísmos. Únicamente actuando así podremos entrar en la aventura de la evangelización del mundo y en el misterio de la vida eterna en Dios.

























































