Los cantaores Julián Estrada, María Terremoto, Manuel Moreno “El Pele”, Maite Martín, y David Pino, junto al baile de Inmaculada Carmona, formaron parte del cartel del 60º Festival de Cante Grande “Fosforito” de Puente Genil que se celebraba la noche de ayer viernes 14 de agosto, evento que este año ha estado dedicado al maestro Antonio Fernández Díaz “Fosforito”.
Acompañaban a los cantaores del festival flamenco, que organiza el Ayuntamiento de Puente Genil, a través de su Delegación de Cultura, en colaboración con la Diputación de Córdoba y Bodegas Delgado, las guitarras de Manuel Silveria, Jesús Zarrias, José Gálvez, Gabriel Expósito, José Tomás, Niño Seve y Nono Jero.
El espectáculo contó con la presencia del alcalde de Puente Genil, Sergio Velasco, al que acompañaban Gabriel Duque, diputado de Cultura de la Diputación de Córdoba; María Delgado, concejal delegada deEducación, Cultura y Turismo en el Ayuntamiento del municipio, familiares de “Fosforito”. así como portavoces de Psoe, Pepe Gómez; IU, Jesús David Sanchez y Antonia Gallardo de Vox., asistieron 1.000 personas al evento.
La Noche del Cante de la Feria Real de Puente Genil reunió una vez más sobre el escenario a destacados nombres del flamenco, en una velada que tuvo como protagonista inicial a la pontanesa Inma Carmona, encargada de abrir el espectáculo junto a su cuadro flamenco.
Carmona protagonizó una actuación brillante, en la que demostró su dominio del baile recorriendo magistralmente los distintos palos interpretados por los componentes de su cuadro. Su entrega y calidad artística terminaron conquistando al público, que se puso en pie para dedicarle una sonora ovación como reconocimiento a su actuación.
La noche continuó con David Pino, que ofreció una propuesta variada en la que enlazó malagueña, serrana y un cante de Juan Breva. Posteriormente interpretó por soleá, acompañado por guitarristas y palmeros, antes de cerrar su intervención con unos excelentes caracoles que evocaron la figura del maestro Fosforito y que fueron recibidos con una prolongada ovación.
A continuación, Maite Martín dejó su sello personal sobre el escenario con sus interpretaciones de mimeras y malagueñas, estas últimas realzadas por el excepcional toque de José Gálvez. La artista abordó también unas bulerías ortodoxas, fieles a su estilo, interpretadas con gusto y ante un público que siguió su actuación en absoluto silencio. Martín cerró su intervención con canciones románticas llevadas a su particular lenguaje flamenco.
Uno de los momentos más esperados de la noche llegó con El Pele, que inició su memorable actuación por martinetes para adentrarse después en un repertorio marcado por su inconfundible quejío y duende. Su interpretación por seguiriyas, desde una entrega absoluta, caló profundamente entre los asistentes, que respondieron con un sonoro aplauso.
El cordobés continuó con unas malagueñas interpretadas magistralmente y acompañadas por Niño Seve y violín, para finalizar este bloque por verdiales, que entusiasmaron a la asistencia. La soleá, cantada con gusto y duende, volvió a levantar al público de sus asientos, mientras que unas excepcionales alegrías, con su sello personal y su característico quejío, pusieron el broche a una actuación que recibió una calurosa ovación en su despedida.
Después fue el turno de María Terremoto, que comenzó con Todo es de color, de Lole y Manuel, interpretada desde su propia personalidad artística. Las malagueñas, sentidas y bien ejecutadas, contaron con el acompañamiento a la guitarra de Niño Jero. La artista continuó por bulerías y alegrías, antes de regresar nuevamente a las bulerías, que fueron ganando intensidad a medida que avanzaba su intervención.
La noche se encaminaba hacia su recta final con Julián Estrada, quien inició su intervención con un cante dedicado al maestro Fosforito. Sin embargo, la tormenta hizo acto de presencia y obligó a poner fin al espectáculo, interrumpiendo su actuación y dejando inconclusa una noche que había reunido sobre el escenario a algunas de las voces y artistas más reconocidos .
Aún así Estrada tiró de altura y magisterio y a pesar de que el sonido se había retirado volvió al respetable e interpretó a capela algunos cantes. Poniendo el broche de oro a una noche mágica.




























































