PUENTE DE RIEGO Y VILLA-UNIÓN
Francisco Javier Reina Jiménez
Cronista Oficial de la Villa de Puente-Genil
O de cuando Puente-Genil pudo no llamarse Puente-Genil. Esto va de nuestra historia, cómo no, que siempre nos sorprende con hechos desconocidos para una gran mayoría. El nombre de Puente-Genil no es un simple juego terminológico, sino —como ya he indicado en otro artículo anterior— la síntesis histórica de dos pueblos que supieron unir sus destinos en tiempos convulsos para España. Puente-Genil nació de la fusión de dos núcleos urbanos: Puente Don Gonzalo, perteneciente a la provincia de Córdoba, y Miragenil, que formaba parte de Sevilla. Ambos, separados únicamente por el puente de piedra sobre el río Genil, comenzaron a caminar juntos en 1821 bajo un nombre que combinaba el principio y el final de sus antiguos topónimos. Sin embargo, esta unión inicial fue efímera y duró sólo hasta 1823, cuando las tensiones políticas nacionales provocaron la separación de ambos pueblos. No sería hasta once años después, el 10 de diciembre de 1834, cuando Puente Don Gonzalo y Miragenil volvieran a unirse definitivamente bajo el nombre que conocemos hoy.
Cabría deducir, por tanto, que Puente-Genil debe su nombre y existencia, lógicamente, a la unión de los dosnúcleos, lo que implicaría que, de no haberse fusionado, cada zona mantendría su denominación original, pero no van por ahí los tiros. El asunto tiene más miga. Y es que Puente-Genil estuvo a un tris de llamarse, bien PUENTE DE RIEGO, bien VILLA-UNIÓN y vaya usted a saber si en lugar de pontanenses hoy seríamos rieguenses, villaunionenses o cualquier otra cosa por el estilo. Imagino la cara de sorpresa de muchos, pero para comprender este episodio debemos remontarnos a 1821, y analizar el contexto histórico de España durante el primer cuarto del siglo XIX. Para no cansar a los lectores, voy a resumir mucho la situación, que por su extensión podría ocupar varios artículos como este.

En esta época, el país estaba dividido entre liberales y absolutistas, dos fuerzas que representaban visiones radicalmente opuestas e irreconciliables sobre el futuro de la nación. Los liberales abogaban por romper con el Antiguo Régimen, defendiendo la soberanía nacional frente al poder absoluto del rey. Proponían una Constitución que limitara el poder monárquico, la igualdad jurídica eliminando privilegios de la nobleza y el clero, las libertades individuales como la de prensa y la propiedad privada, y una economía más abierta y moderna. Era un proyecto orientado hacia la creación de una sociedad basada en ciudadanos con derechos y leyes por igual.Frente a ellos, los absolutistas reclamaban la restauración del orden tradicional. Defendían la monarquía absoluta, el papel preponderante de la religión y la Iglesia, así como una sociedad estamental que aceptaba los privilegios de las clases privilegiadas. Para ellos, el liberalismo, especialmente tras la Revolución Francesa, representaba un peligro para la estabilidad social y política. Este enfrentamiento marcó todo el siglo XIX español, dando lugar a guerras y profundas divisiones.

Uno de los episodios más destacados fue el levantamiento de Rafael del Riego en 1820 —que pretendía restaurar el régimen constitucional anterior iniciado con la Constitución de Cádiz de 1812— tras la vuelta al absolutismo impuesto por Fernando VII tras la Guerra de la Independencia y su regreso a España desde el exilio francés impuesto por Napoleón, que a su llegada abolió la Constitución y persiguió a los liberales. Desde unos años atrás, Riego había entrado en contacto con las logias masónicas y terminó convirtiéndose al liberalismo más radical. En 1820, las tropas destinadas a ir a América para sofocar las independencias de nuestros antiguos territorios americanos estaban acantonadas bajo su mando en la sevillana localidad de Cabezas de San Juan (Sevilla), esperando ser embarcadas en Cádiz. El descontento de las tropas por las condiciones en que iban a ser enviadas a América (en una flota destartalada y en mal estado) y de los oficiales por el retraso en el pago de sus pagas, facilitó el pronunciamiento y la proclamación de la Constitución de 1812 por Rafael del Riego, que acto seguido recorrió Andalucía al frente de una columna, animando a la insurrección a los liberales, aunque sin el éxito esperado. Cuando todo parecía perdido y el propio Riego se disponía a cruzar la frontera portuguesa, ocurrió lo inesperado. Una junta militar proclamó la constitución en La Coruña y su ejemplo se extendió a otras ciudades españolas. Los ecos de la revuelta también llegaron a Madrid. Ante la posibilidad de verse arrollado por los acontecimientos, Fernando VII decidió hacerse liberal. «Marchemos francamente, y Yo el primero, por la senda constitucional»proclamaba a regañadientes en su célebre Manifiesto a la Nación Española publicado el 10 de marzo de 1820. A partir de ese momento la fama de Rafael del Riego se extendió por todo el país. Al calor de la recién conquistada libertad de prensa, todos los periódicos elogiaron su hazaña. Lo presentaban como el patriótico militar que había conseguido la conversión liberal del Rey sin disparar un solo tiro. En todas partes era recibido como un libertador. Multitudes entusiastas coreaban el himno de Riego, el mismo que habían cantado sus soldados durante las frecuentes marchas y contramarchas posteriores al pronunciamiento.

En este escenario de polarización y cambios profundos, la unión inicial de Puente Don Gonzalo y Miragenil en 1821, que se estaba fraguando, adquiere un significado especial. Más allá de la geografía, sus habitantes reflejaban la voluntad de avanzar hacia nuevas formas de convivencia y organización social, en sintonía con las aspiraciones liberales que comenzaban a asentarse en España. Riego había pasado con su columna por estas tierras y había encendido la mecha de la efervescencia liberal tanto en una orilla como en la otra que lo aclamaron como héroe y vivían día a día cada una de las vicisitudes del militar. Es en este punto cuando los respectivos ayuntamientos de Puente Don Gonzalo y de Miragenil realizan gestiones por separado para proponer la nueva denominación con que les gustaría caminar juntos, como así ha quedado recogido en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados.
En la sesión extraordinaria del día 18 de mayo de 1821 se trató la solicitud de Miragenil: «A la comisión de División del territorio nacional se mandó pasar una exposición de D. Manuel del Prado, síndico del pueblo de Miragenil, pidiendo que se tuviese presente el expediente instruido en la Diputación provincial de Sevilla por aquel pueblo para resolver sobre la reunión del mismo al de Puente de Don Gonzalo, que han solicitado varios vecinos ricos de éste». Más abajo se reseñará: «También se mandó pasar á ella otra exposición del ayuntamiento de este último pueblo renovando la solicitud hecha por el ayuntamiento del año anterior, de que se verificase la indicada reunión de dichos pueblos formando uno solo, según lo exige la naturaleza y su situación topográfica, dándole un nuevo nombre para evitar competencias, el cual proponía fuese el de Villa-Unión, en memoria del paso por aquel sitio del general Riego el día 6 de marzo de 1820».
En sesión extraordinaria de las Cortes del día 22 de mayo de 1821 quedó recogida la propuesta de Puente Don Gonzalo: «Se dió cuenta de una representación del ayuntamiento de la villa de Puente de Don Gonzalo, provincia de Córdoba, en que reproduciendo la instancia que la villa había hecho en la legislatura anterior sobre su reunión con el pueblo de Miragenil, solicitaba además que para borrar de la memoria hasta los vestigios del feudalismo, se sirviesen las Cortes, al decretar la reunión de ambas poblaciones, mandar se mudase su nombre en el de Puente de Riego, para inmortalizar el paso de este general por aquel punto». Con este motivo presentó el Sr. Díaz Morales y se leyó la indicación siguiente, que fuéaprobada: «Habiendo recurrido á las Cortes en la anterior legislatura y en ésta el ayuntamiento de la Puente de Don Gonzalo, y muchos vecinos y hacendados en el lugar de Miragenil, solicitando que estos dos pueblos, á quienes solo separa un corto puente, se reúnan bajo una misma autoridad local, pido á las Cortes que las comisiones de Diputaciones provinciales y División del territorio presenten su informe sobre estas solicitudes para la resolución de las Córtes».

De esta propuesta del ayuntamiento pontanés se hizo eco la prensa de aquel entonces como el diario madrileño «Miscelanea de Comercio, Política y Literatura» de 23 de mayo de 1821, donde se da cuenta de la sesión extraordinaria de las Cortes del día anterior: «Leída y aprobada el acta anterior se pasaron á la comisión… de la de Diputaciones provinciales una solicitud del ayuntamiento de Puente Don Gonzalo, en la, que entre otras cosas pide se mude el nombre de aquella villa en el de Puente de Riego…».
Por fin, en el Diario de Sesiones se recoge lo referido en lasesión extraordinaria de las Cortes del 13 de junio de 1821, donde leemos: «Asimismo se dio cuenta, y quedó aprobado el dictamen siguiente: Las comisiones de Diputaciones provinciales y División del territorio español reunidas han visto la indicacion del Sr. Díaz Morales, en que pide se resuelva desde luego la reunion en un solo pueblo de la villa de Puente Don Gonzalo y lugar de Miragenil , á los que separa solamente un corto puente. Las comisiones han tenido presentes las exposiciones de estos pueblos que se le habían pasado anteriormente; y en vista de cuanto resulta de ellas, del expediente instruido éinformado que obra, y de los informes dados por algunos señores Diputados de aquellas provincias, han convenido desde luego en que la indicada reunión es ventajosísima á ambas poblaciones, tanto para su régimen económco y judicial, como para sus mayores progresos. Y aunque la villa de Puente Don Gonzalo pertenece á la provincia de Córdoba y Miragenil á la de Sevilla, estando este comprendido en la parte que en la nueva división está unánimemente acordado por la comisión, con los señores Diputados de ambas provincias, el que se agregue á la de Córdoba, no resulta el menor inconveniente en que desde luego se reuna Miragenil con la Puente Don Gonzalo, y el bien de estos pueblos exige que no se les retarde un momento tan trascendental beneficio. Las comisiones creen también que es muy oportuna la idea propuesta en una de estas comisiones, que trata de que para sofocar todo espíritu de rivalidad y rencilla, se prescinda del nombre actual de ambos pueblos, y se conceda un título nuevo, que podrá ser el de villa de Puente Genil, el cual reúne parte de los dos nombres antiguos de Puente Don Gonzalo y Miragenil, incorporándose desde luego los dos ayuntamientos, hasta que en fin de año sea elegido una nuevo con el número de individuos que segun la población designen las leyes».

Como vemos, ni Puente de Riego ni Villa-Unión prosperaron para denominar a la nueva población que había de crearse, fruto de la reunión de ambas entidades, tal vez porque basaron sus solicitudes en honor y recuerdo de la gesta de Riego, cuyas veleidades republicanas despertaban gran recelo y es que, aunque fuera un héroe para las masas populares, en las altas esferas no gozaba de tal consideración, al contrario, intentaron alejarlo del centro del poder e incluso unos meses después, implicado en una conspiración republicana, llegaron a degradarlo despojándolo de la capitanía general de Aragón que ostentaba para mandarlo a una plaza menor como era Lérida.
Por no alargar más este curioso escenario, digamos someramente y dejando su desarrollo para un próximo artículo, que aquella «reunión» que nosotros llamamos «unión» se produjo por decreto de 18 de junio de 1821, mandado llevar a cabo por el Rey el día 22 de dicho mes y señalemos el incondicional apoyo del nuevo Puente-Genil al general Riego, en episodios protagonizados por éste, que a pesar de su buena estrella, terminaría apagándose dos años después, tras la intervención del ejército enviado a España por una coalición internacional, conocido como los «Cien Mil Hijos de San Luis» con la misión de apoyar a Fernando VII en el restablecimiento del régimen absolutista. Riego que había dejado el ejército para ejercer cargos políticos —fue diputado en 1822 y al año siguiente presidente de las Cortes durante el mes de marzo— vuelve a ponerse al frente de las tropas para oponerse al ejército invasor, pero, con escasos apoyos, derrotado y capturado en Arquillos (Jaén) sería trasladado prisionero a Madrid donde sería ejecutado en la horca. La vuelta del absolutismo produjo la abolición de las medidas adoptadas durante el Trienio Liberal (1820-1823), dejando sin efectola unión de Puente Don Gonzalo con Miragenil, que habrían de esperar a 1834 para quedar fusionados definitivamente, por Real Orden de la viuda de Fernando VII, la reina gobernadora María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, regente durante la minoría de edad de su hija, la futura reina Isabel II, que no tuvo más remedio que apoyarse en los liberales para defender la legítima sucesión al trono y poder afrontar la primera de las guerras carlistas.

























































