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XIIEncuentro de Poesía: «La Mañana del Mundo» hace de Puente Genil un lugar de encuentro para las musas…

Por….GEMA ALBORNOZ

Fotos: RAFAEL TARTAJO

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El XII Encuentro de Poesía, Música y Plástica reúne en el Teatro Circo y en la Biblioteca Municipal Ricardo Molina distintas formas de entender la belleza y convierte la palabra poética en el hilo que enlaza todas las artes

Durante dos días, Puente Genil ha sido escenario de un encuentro en el que la poesía, la música, la danza y las artes plásticas han dejado de ser lenguajes separados para formar parte de una misma conversación. Bajo el título «La mañana del mundo», el XII Encuentro de Poesía, Música y Plástica ha convertido el Teatro Circo y la Biblioteca Municipal Ricardo Molina —junto con sus Bajos— en espacios de confluencia artística, memoria y creación.

«La mañana del mundo» evocaba ese primer amanecer en el que el ser humano descubrió que la belleza podía sobrevivir al tiempo. Un verso, una melodía, una imagen o un gesto podían prolongar la existencia de quien los había creado. Y esa idea ha atravesado un encuentro concebido precisamente para tender puentes: entre la Antigüedad clásica y la creación contemporánea, entre la palabra y la música, entre la mirada y el movimiento, entre la tradición y nuevas formas de expresión.

El Teatro Circo acogió la inauguración del encuentro, que contó con la participación del alcalde de Puente Genil, Sergio Velasco Albalá, y de la concejala de Educación, Cultura y Turismo, María Delgado Álvarez de Sotomayor. Pero antes de que comenzaran los versos y las músicas hubo espacio para algo que también forma parte esencial de la cultura: el reconocimiento y la gratitud.

El encuentro rindió homenaje a Ángel Cejas Roa, por su labor al frente de Tertulia en familia, una iniciativa dedicada al fomento de la lectura y al descubrimiento compartido de autores imprescindibles. Un reconocimiento que enlaza de manera especialmente hermosa con el espíritu de «La mañana del mundo»: sembrar hoy las palabras que mañana volverán a florecer en otros lectores.

También recibió el agradecimiento del encuentro la F.L.A.M. Orillas del Genil, por su compromiso cultural y social y por su trabajo en favor de la igualdad y los derechos de la mujer. Dos reconocimientos que recuerdan que la cultura no solamente se contempla: también se construye, se comparte y se pone al servicio de los demás. Otro enlace inevitable para la Asociación Cultural Poética fue con el alumnado de Bachillerato de Artes Plásticas y Diseño del IES Manuel Reina.

Uno de los momentos centrales de la noche llegó con la dirección de Lara López escritora y periodista cultural de larga trayectoria en RNE y con la lectura de autores grecolatinos. Aurora Luque, Cecilia Quílez, María Luisa Calero y Juan de Dios García.  Llevaron al escenario la palabra de una tradición que continúa hablándonos después de tantos siglos. La presencia de Aurora Luque adquirió además una dimensión especialmente significativa por su trabajo de traducción al castellano de los clásicos: hacer que aquellas voces antiguas vuelvan a respirar en nuestra lengua, que lo que fue escrito hace siglos encuentre hoy una voz nueva e incluso compartió traducciones inéditas.

La poesía encontró, también,  en la música un interlocutor natural. Bajo la dirección de Rafael Sánchez, las voces de las sopranos Alicia Illanes y Marta Jaén, junto al violonchelo de Marina Zarzoso, los violines de Elisa Prenda y Marta Acuña y el piano de Daniel Matas, construyeron el paisaje sonoro en el que los versos pudieron adquirir otra dimensión.

Más tarde,  apareció el cuerpo como otra forma de poesía. Nieves Rosales aportó a la escena la elegancia y la sensibilidad de una danza capaz de dialogar con la palabra sin necesidad de explicarla. Su movimiento fue otro modo de leer, otra manera de dejar que el poema se hiciera cuerpo, respiración y gesto. En ella, la danza se convirtió en ese territorio donde lo que no puede decirse con palabras encuentra una forma de ser visto.

La voz experiencia y sensibilidad de Lara López durante su conducción estableció correspondencias entre música y poesía. Convirtió la presentación en algo más que una sucesión de intervenciones. Su manera de conducir dichos encuentros permitió que cada lenguaje encontrara su lugar y que los distintos momentos fueran formando un único relato artístico. Una labor especialmente coherente con la celebración de los 60 años del programa «Derivas» de Radio Clásica (RNE), el tercer aniversario de Derivad y con los 30 años de Músicas posibles, referencias inseparables de su trayectoria y de esa búsqueda de nexos entre la música y la palabra.

La sorpresa para esa celebración homenaje a dichos aniversarios se realizó mediante redes tejidas por la casualidad y un hilo invisible. Por una parte, la actuación de dos griots, historiadores orales, narradores y músicos afincados en Puente Genil y sobrinos del afamado músico Toumani Diabaté, Ebrima Fusso Soria y Kanuteh Fusso.

Y por otra,  el sabor inconfundible del flamenco. La guitarra de Mariano Delgado, con ese duende que convierte cada nota en una emoción que parece nacer en el instante mismo de ser tocada, se encontró con el cante de Milagros Salazar y el apasionado baile flamenco de Inmaculada Carmona, incorporando al encuentro una tradición viva, profundamente nuestra, capaz de dialogar con la música africana y con otras culturas sin perder su propia raíz. Lo que hizo posible uno de esos momentos en los que las fronteras entre géneros y procedencias dejan de importar: kora, música africana, cante, guitarra y baile compartiendo un mismo escenario.

El sábado, el encuentro trasladó su actividad a la Biblioteca Municipal Ricardo Molina, sus Bajos y en la Sala Ricardo Molina, donde la creación plástica tomó el relevo con la inauguración de “Desafío de lo visible”, exposición de Víctor Almeda Estrada. La mirada se convirtió entonces en protagonista y abrió otra puerta hacia ese territorio de lo visible y lo oculto, de aquello que contemplamos y aquello que permanece esperando ser descubierto.

La poesía volvió después a ocupar el centro con la presentación de “Retrogradaciones”, de Lara López, y Las sirenas de abajo. Poesía reunida 1982-2022”, de Aurora Luque. Dos obras que, desde caminos diferentes, mantienen abierta esa conversación de la poesía con el tiempo con lecturas de Lola León y Lola Vigil.

Y fue precisamente «La belleza de la palabra poética» el título de la charla-conferencia que reunió a Concha García y María Luisa Calero, con lectura de Gema Albornoz. El título parecía condensar el espíritu de todo el encuentro: la convicción de que la palabra no solamente comunica, sino que crea vínculos, despierta imágenes, convoca músicas y abre espacios interiores.


Porque esa ha sido, quizá, la verdadera arquitectura de «La mañana del mundo»: los enlaces.

La poesía enlazó con la música. La música con la danza. La danza con la imagen. La imagen con la memoria. La tradición clásica con nuestra sensibilidad contemporánea. Y el flamenco con músicas llegadas de otras geografías.

En el Teatro Circo, los versos antiguos y grecolatinos volvieron a tener voz. En la Biblioteca Ricardo Molina, la palabra encontró libros, imágenes y conversación. Y entre unos espacios y otros se fue construyendo un mismo relato: el de unas artes que no necesitan vivir separadas porque todas nacen de una misma necesidad humana, la de buscar belleza para comprender el mundo.

Quizá por eso «La mañana del mundo» no haya sido solamente el título de un encuentro. Ha sido una manera de mirar.

Mirar hacia atrás sin quedarse en el pasado. Escuchar las voces antiguas sin dejar de escuchar las nuestras. Reconocer que entre un verso de Safo y una voz contemporánea, entre una melodía clásica y una guitarra flamenca, entre una antigua historia y una obra plástica de hoy, existe algo que permanece.

Y la belleza —esa palabra que tantas veces intenta explicar lo inexplicable— vuelve a ser el puente.

El XII Encuentro de Poesía, Música y Plástica de Puente Genil ha cerrado así dos jornadas en las que la cultura se ha entendido como encuentro, diálogo y celebración. Una mañana del mundo que, en realidad, ha querido recordarnos que cada vez que una palabra encuentra una música, cada vez que un cuerpo convierte un verso en movimiento, cada vez que una imagen consigue detener nuestra mirada, el mundo vuelve a amanecer.

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