Opinión

La reina Victoria Eugenia y Puente Genil…por F. Javier Reina (Cronista Oficial de la Villa)

LA REINA VICTORIA EUGENIA Y PUENTE-GENIL

Francisco Javier Reina Jiménez

Cronista Oficial de la Villa

Dos hechos recientes han puesto de relieve y elevado a un primer plano la figura de la reina Victoria Eugenia de Battenberg. Uno, el estreno en 2025 de la miniserie en seis capítulos, «Ena. La reina Victoria Eugenia», una creación de Javier Olivares que retrata los episodios de su vida mientras fue reina de España y que no ha dejado indiferente a nadie, y otra, la exposición temporal titulada «Victoria Eugenia», que desde el pasado 3 de diciembre y hasta el próximo 5 de abril está teniendo lugar en la Galería de las Colecciones Reales, una interesantísima muestra monográfica que analiza su labor como reina consorte de España por su casamiento con el Rey Alfonso XIII, además de otras facetas más desconocidas de la vida de esta mujer que modernizó la monarquía española y se convirtió en todo un símbolo de lucha entre la tradición y el progreso en la España del primer cuarto del siglo XX y hasta 1931, año de su exilio, dotando de un profundo sentido social el papel de reina consorte. En esta exposición puede verse cómo la reina utilizó su potente imagen para defender aquellas causas sociales y educativas en las que se implicó, así lo señala Reyes Utrera, una de las comisarias de la muestra, destacando que la labor de la reina estuvo especialmente enfocada en la educación y la salud de niños y mujeres. En la exposición se pueden ver más de trescientos objetos prestados por diversos museos: trajes, retratos y esculturas de prestigiosos artistas como Sorolla, Philip de Lázsló o Benlliure, joyas, fotografías, mobiliario, postales escritas a su futuro marido, libros, documentos y otros de índole diversa como la carroza con la que se trasladó a la iglesia de los Jerónimos el día de su boda en 1906 sufriendo un atentado anarquista de vuelta al Palacio Real, pero se han olvidado de uno que, por humilde, tiene relación con Puente-Genil, como son las latas de carne de membrillo que la tuvieron como protagonista.

la reina Victoria Eugenia de Battenberg, de Philip Alexius László de Lombos,1926. Óleo sobre lienzo. Colección Particular.

Victoria Eugenia se había criado en los rígidos valores tradicionales que encorsetaron la corte británica durante el largo reinado de su abuela Victoria, pero desde su llegada a España para casarse con Alfonso XIII, su juventud —tenía 18 años— y sus hábitos deportivos y de mujer fumadora le confirieron un aura de modernidad a la que, si sumamos su constante presencia en recepciones oficiales e iniciativas sociales y caritativas, que los periódicos y revistas acercaban al gran público, provocarían el interés de un industrial pontanés por «explotar» su imagen en sus envases de hojalata en los que se servía nuestro más emblemático producto, el dulce de membrillo, aunque bien cara pudo costarle la que pensaba rentable publicidad.

El ostentar el escudo y la imagen de la familia real se convirtió en un signo de calidad y distinción para muchos fabricantes y comercios de toda índole que buscaban abrirse a los mercados nacionales y multiplicar sus ventas, bien consiguiendo el ansiado nombramiento de «Proveedor de la Real Casa» (PRC), que colocaban en las fachadas de sus establecimientos, cartas comerciales y publicidad, bien imprimiendo en sus envases, como infalible reclamo, las efigies reales. A nuestro empresario, Francisco Chacón Castuera, podríamos aplicarle el famoso dicho de que vendió la piel del oso antes de cazarlo, o, lo que es lo mismo, imprimió la efigie de la reina en sus envases antes de haber obtenido el permiso necesario, por lo que el alcalde de la época hubo de mediar y desplegar toda su influencia para sacarlo del embrollo. Tuve conocimiento de esta anécdota en una de las largas charlas que mantenía con nuestro recordado Antonio Illanes, quien además la puso en conocimiento del cronista oficial de Real Sitio y Villa de Aranjuez, José Luis Lindo Martínez, que también la dio a conocer, allá por el año 2005, en uno de sus trabajos y que ahora comparto con todos los lectores.

Estamos en 1922. El industrial Francisco Chacón, propietario de la fábrica de conservas de dulce de membrillo «La Fama», dirige con fecha 14 de junio un escrito a la Real Casa pidiendo autorización al Mayordomo Mayor de Palacio, responsable encargado de autorizarlo, para bautizar sus envases con el nombre de la soberana Victoria Eugenia. En dicha misiva, el industrial aporta sus datos personales y da cuenta de su trayectoria empresarial aduciendo que a pesar de su juventud —entonces tenía cuarenta y nueve años— ya llevaba más de veinte años dedicado a la elaboración de dulce de membrillo en envases de hoja de lata de diversos tamaños, manifestando igualmente su deseo de ostentar el honor de poder bautizar sus productos con el nombre de REINA VICTORIA. La carta de Chacón iba acompañada de otra de Antonio Romero Jiménez, por entonces alcalde constitucional de Puente-Genil, dirigida al duque de Almodóvar, a la sazón diputado por el distrito de Lucena. En ella, Romero explica al diputado lucentino que tanto era el interés del empresario por promover su producto que, en la creencia de que podía utilizar tal distintivo sin una previa autorización, mandó hacer un número considerable de envases con dicha marca, cuyo importe ascendía a cerca de 25000 pesetas. Romero le pedía al duque de Almodóvar que, bien de manera definitiva, o por lo menos provisional, y para paliar los perjuicios de no poder utilizar los envases que había adquirido por tan importante cantidad, hiciera en su favor todo lo que estuviera a su alcance para lograr la autorización. Pasaban los meses y, en junio de 1923, el duque de Almodóvar, atendiendo la petición del regidor pontanés, dirige carta al jefe Superior de Palacio tratando el asunto como menor, pero sin dejar de señalar que sería grande el perjuicio que se le iba a ocasionar al industrial si no se le concedía el título, agradeciéndole infinito hiciera valer su influencia con su Majestad para que accediera a lo solicitado. Días después de las gestiones del duque, Francisco Chacón Castuera recibiría un despacho regio en el que se le comunicaba que: «Su Majestad (q.D.g.) se ha servido acceder a la respetuosa petición de V. concediéndole la autorización que solicita para que las cajas de hoja de lata que sirven de envase al dulce de membrillo de su fabricación puedan llevar la marca REINA VICTORIA», evidenciando con ello el apoyo que la Corona prestaba al sector industrial español, pues fue pródiga en este tipo de concesiones.

Como vemos, un final feliz para lo que pudo haber sido un importante quebranto económico. Hoy, un siglo después, los descendientes de Chacón Castuera siguen al frente de la mayor fábrica de dulce de membrillo de la localidad, EL QUIJOTE, puntera también en la fabricación de diversas conservas vegetales, cuyos productos no sólo atienden el mercado nacional sino que se exportan a numerosos países. Como testigos de aquella historia aún perduran en muchas casas y colecciones los humildes pero bellísimos envases con la efigie de la reina Victoria Eugenia de Battenberg, bisabuela de nuestro actual rey, Felipe VI, en cuyas representaciones la podemos ver con una interesante muestra de vestidos y joyas históricas que, por sí solas, merecerían un futuro y detallado estudio.

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