Opinión

El Mayo festivo pontanés… por Francisco Javier Reina Jiménez (Cronista Oficial de la Villa)

EL MAYO FESTIVO PONTANÉS

Francisco Javier Reina Jiménez

Cronista Oficial de la Villa de Puente-Genil

Mayo llega a Puente-Genil como un suspiro lleno de vida, un mes que no se limita a pasar por el calendario, sino que se queda latiendo en cada rincón del pueblo por venir plagado de acontecimientos festivos de diversa índole y gran calado popular. Hay algo especial en estos días, una mezcla de tradición, memoria y emoción que se respira en el aire y que encuentra su máxima expresión en la entrañable Semana Santa Chiquita.

Todo comienza en torno al Día de la Cruz, este 3 de mayo, que aquí se siente como un eco íntimo de nuestra Semana Mayor, como un reflejo a pequeña escala, pero de enorme significado. El llamado Viernes Santo Chiquito despierta con la música solemne de la Diana, interpretada por la banda del Imperio Romano en la Plaza del Calvario, a las 9:15 h, ante la mirada serena de Jesús Nazareno Chiquito. Es un instante que emociona, porque en él se cruzan la devoción heredada y la ilusión de los más pequeños, verdaderos protagonistas de esta celebración. Su auge ha propiciado que los días anteriores y posteriores al Día de la Cruz se hayan sumado a la celebración replicando los días de Semana Santa.

Figuras chiquitas hacia 1955

Durante estos días, Puente-Genil se transforma. Todo se vuelve «chiquito», pero no por ello menos importante: los pasos, las imágenes, las figuras bíblicas, los romanos… Cada detalle es una réplica cargada de cariño, una recreación que no busca imitar, sino sentir. Y son los niños quienes dan vida a esta tradición, saliendo a las calles con pasos oficiales o improvisados, desbordantes de creatividad, inocencia y esfuerzo.

Lo que nació en el siglo XIX como un juego espontáneo, casi improvisado y celebrado no necesariamente en mayo, ha ido creciendo con el paso del tiempo hasta convertirse en una de las manifestaciones más queridas del municipio. La celebración fue tomando forma y reglamentándose hacia la segunda mitad del pasado siglo, aunque, en un principio, lo que predominaban eran pequeñas parihuelas con multitud de cruces, pues imágenes a escala de nuestras diferentes cofradías solo salían contadas: Jesús Nazareno, Cristo de la Misericordia, Dolores, Soledad y algunas más que se fueron incorporando paulatinamente. En la actualidad echamos de menos esas parihuelas que procesionaban sencillas cruces con sudario, adornadas con flores del campo o de papel, llevadas por solo cuatro o seis niños y acompañadas, si acaso, por el sonido de algún tambor o de marchas «enlatadas» —antes en cintas de casete o discos compactos y ahora con modernas aplicaciones que han dejado obsoletos a los primeros— y que se han visto desplazadas por pasos con imágenes pasionistas, de mayor tamaño, que necesitan de la concurrencia de gran número de bastoneros o costaleros, a los que en ocasiones, por su corta edad, les cuesta cargar estos pasos de mayor peso, hecho que suplen con gran pundonor y no poco entusiasmo y ahora, en algunos casos, incluso acompañados por bandas de música.

Figuras chiquitas en la actualidad

La notoriedad adquirida indujo al municipio a declarar dicho día como fiesta local, lo que unido a que el día 1 de mayo es fiesta nacional, ha posibilitado el desarrollo extraordinario de esta fiesta, que ha perdido espontaneidad para pasar a estar reglamentada por una Agrupación de Cofradías que fomenta un cartel anunciador de la fiesta, pregón infantil y fija horarios e itinerarios con cierto margen de permisividad. Además, algunos colegios organizan por estos días su propio desfile procesional en el patio o entorno del propio centro educativo entre los alumnos de los cursos más pequeños, lo que fomenta la querencia por esta manifestación y su arraigo, convirtiéndose en un auténtico semillero de futuros cofrades y mananteros.

Es cierto que la evolución ha traído consigo una mayor organización: horarios, itinerarios, carteles, pregones… pero en el fondo, la esencia sigue intacta. Late en cada mirada ilusionada, en cada pequeño costalero o bastonero que se esfuerza por levantar su paso, o por no perder la compostura vestido de figura o romano, en cada familia que acompaña emocionada el desfile. La Semana Santa Chiquita es un puente entre generaciones, un canto a la identidad y una celebración donde lo pequeño se hace grande, donde en cada niño encontramos un sentimiento inmenso, una herencia viva que sigue escenificándose, año tras año, por las calles del pueblo.

Día de la Cruz en la plaza del Calvario

También, desde hace más de setenta y cinco años, la segunda semana de mayo se convierte en un momento esperado y profundamente especial para los pontanenses, donde se dedican cultos y fiestas para honrar con devoción a Nuestra Señora de los Desamparados. Esta advocación mariana, que ha echado raíces firmes en el corazón de nuestro pueblo, es mucho más que una tradición, pues se ha convertido en un reflejo vivo de nuestra identidad, de la fe compartida y del amor que nos une en torno a esta advocación mariana. La Hermandad y Cofradía de la Virgen son los custodios de esta llama espiritual, que arde con intensidad renovada cada año en el epicentro de estas celebraciones: la triangular iglesia de la Virgen, la residencia de ancianos «Santa Susana» y el barrio de La Matallana. Esta residencia, junto a la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, representa el alma misma de estas fiestas. Las Hermanitas y las residentes, que reciben el cuidado y el cariño constante de esta comunidad religiosa, son homenajeadas con especial mimo por la Hermandad, que en estos días despliega toda su dedicación hacia ellas, conscientes de que en esta céntrica institución palpita la verdadera esencia del amor cristiano y la caridad.

Pregonero y Reina de las Fiestas 2026, Loas Marianas 2 de Mayo

La variedad de estas celebraciones quedó patente ayer en la XXX edición de las Loas Marianas, un acto cargado de emoción y agasajo. El hermano de la cofradía, Álvaro Avilés Serrano, pronunció un pregón sentidamente lleno de fervor, evocando la historia, las vivencias y el profundo amor que sentimos por la Virgen de los Desamparados. Además, en un momento lleno de alegría y orgullo, fueron coronadas como reinas de las fiestas de este año las jóvenes señoritas Andrea y Silvia Ruiz Quero, símbolos de juventud, esperanza y continuidad de nuestra tradición.

Desde hoy, La Matallana se viste de gala, adornada con vistosos arcos luminosos que iluminan las calles y anuncian el inicio del septenario en honor a la Virgen, que todos los días comenzará a las 21:00 horas, bajo la dirección espiritual del arcipreste, D. Juan Ropero Pacheco, contando con la participación de diversos coros locales que, con sus voces y música, entrelazando lo sagrado y lo festivo, llenarán el alma de todos los asistentes. Las Fiestas de Primavera arrancan también con el cartel, obra fotográfica de José Alejandro de la Rosa Castilla, que presenta a la Virgen en una de sus estampas más reconocibles: la de las coloristas y perfumadas petaladas que se le brindan a lo largo del recorrido. El fin de semana, viernes y sábado, será testigo de la animada verbena que organiza la Hermandad en la calle Susana Benítez, un encuentro popular que celebra la alegría de festejar a la Virgen de los Desamparados con buena música y en compañía, contando con la participación de numerosos vecinos.

Verbena de los Desamparados

El domingo próximo, 10 de mayo, llegará como culmen de estas celebraciones. Desde primera hora, a las 10:00 de la mañana, la función principal reunirá a fieles y devotos en un acto solemne y lleno de emoción. La solemne ofrenda floral a la Virgen marcará un momento de recogimiento y entrega, mientras que el posterior desayuno de hermandad fomentará la unión entre los participantes, fortaleciendo los lazos fraternales.

Por la tarde, el barrio de La Matallana se vestirá de fiesta para recibir el desfile procesional más esperado, donde la imagen de la Virgen recorrerá las calles a hombros de sus fervientes horquilleros, acompañada por sus hermanas luciendo la matilla española, representaciones de cofradías y por cientos de pontanenses que, con fervor y alegría, acompañan su paso, que llevará como Hermano Mayor al que durante tantos años ha sido uno de los puntales de la Hermandad, Francisco Quero Jiménez. Este recorrido, que se iniciará a las 20:00 horas, es mucho más que una tradición, es un ritual vivo que renueva año tras año la devoción mariana a esta advocación y el compromiso de la Hermandad con los vecinos de este barrio, que esperan ilusionados la visita de la Virgen. Los sones de las bandas, las oraciones susurradas y la emoción palpable dibujan una escena irrepetible, a la que se suman numerosas ofrendas florales y que culmina con el espectacular disparo de fuegos artificiales, a las 23:30 horas, en el Paseo del Romeral. Este broche de oro ilumina el cielo y el corazón de todos los presentes, cerrando con magia y esplendor unas fiestas que son, sin duda, el mayor exponente de nuestra identidad y de nuestro amor a la Santísima Virgen, como legado valioso que debemos preservar y transmitir a las generaciones futuras.

Desfile procesional del segundo domingo de mayo

La fiesta de las «Cruces» en Puente-Genil tiene algo de singular, casi de capricho del tiempo. Mientras en tantos lugares se celebra, como su nombre indica, en torno al 3 de mayo, Día de la Invención de la Santa Cruz, aquí florece unos días después, como si necesitara su propio espacio para brillar con identidad propia. Lejos de restarle sentido, esta «anomalía» la convierte en una celebración aún más especial, marcada por la historia, la adaptación y el cariño de todo un pueblo.

En sus orígenes, la devoción a la Santa Cruz en Puente-Genil se vivía de forma más recogida. Las dos hermandades existentes de este nombre honraban a sus titulares con solemnes cultos en sus sedes canónicas, las ermitas de la Vera Cruz y del Dulce Nombre de Jesús, llenando de espiritualidad rincones que aún hoy conservan ese eco devoto. Hubo incluso un tiempo, a comienzos del siglo XX, en el que la plaza de la Vera Cruz se animaba con una verbena sencilla, impulsada por los cofrades que cada Jueves Santo procesionaban la Santa Cruz, entre ellos los de la familia Albelda, verdadero sostén de este simbólico paso. Pero aquella chispa festiva no terminó de prender con fuerza, truncándose con las prohibiciones religiosas que se promulgaron con la llegada de la Segunda República y el posterior asesinato, durante la Guerra Civil, de miembros de esta familia, por lo que el protagonismo acabó derivando hacia otras celebraciones más arraigadas, como la entrañable Semana Santa Chiquita.

Sin embargo, las tradiciones nunca desaparecen del todo; esperan su momento. Y ese momento llegó en la década de 1980, cuando la iniciativa de Francisco Quintero supo rescatar el espíritu de las Cruces y darle una nueva vida. Con el calendario ya ocupado por otras fiestas, encontró su lugar natural en la tercera semana de mayo, como quien llega sin hacer ruido, casi de visita y acaba sentando plaza. Desde entonces, la fiesta ha crecido al calor de la implicación colectiva. Asociaciones, cofradías y corporaciones bíblicas, vieron en la fiesta de las Cruces una fuente de ingresos para emplear en sus fines y la han sabido convertir en un punto de encuentro, en días de convivencia donde la tradición se mezcla con la alegría compartida. No es solo celebración, es también esfuerzo común, colaboración y ese ingenio tan propio de Puente-Genil para dar forma a la belleza.

Cruz de Mayo de la Cofradía del Calvario

Las cruces, levantadas en cuarteles, casas de hermandad o rincones con encanto, se transforman en auténticos altares efímeros donde la creatividad y la devoción se entrelazan. Flores, telas, detalles cuidados con mimo… cada una cuenta una historia y refleja el alma de quienes la han creado. El concurso organizado por el Ayuntamiento no hace sino avivar esa ilusión, reconociendo el arte y el esmero que hay detrás de cada montaje.

Y así, año tras año, Puente-Genil vuelve a vestirse de fiesta en mayo, demostrando que las tradiciones no siempre siguen el calendario, sino el latido de quienes las viven. Porque aquí, la Semana Santa Chiquita, las Fiestas de Primavera en honor de la Virgen de los Desamparados y las Cruces no solo se celebran, sino que se sienten, se comparten y se reinventan, convirtiendo cada rincón en un pequeño universo de luz, devoción, color y emoción.

 

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