Francisco Javier Reina Jiménez
Cronista Oficial de la Villa de Puente-Genil
En origen, durante la Edad Media, fueron llamados romeros —de ahí les viene el nombre— aquellos peregrinos cristianos que viajaban a Roma, centro espiritual de la cristiandad y de veneración de las reliquias de los fundadores de la Iglesia, San Pedro y San Pablo.Con el tiempo, el término también se aplicó a quienes peregrinaban a otros santuarios importantes, como Santiago de Compostela o Jerusalén y, ante la imposibilidad de muchas personas de viajar a lugares tan importantes pero distantes, el término se generalizóaplicándose a las personas que se desplazaban hasta algún lugar sagrado para venerar devociones de especialsignificación, bien por custodiar alguna reliquia, bien por albergar imágenes de Cristo, María o de algún santo de singular devoción. En España e Hispanoamérica la palabra también se usa para quienes participan en fiestas religiosas populares llamadas romerías, normalmente caminando o viajando hasta una ermita o santuario acompañados de música, carros y celebraciones.
Andalucía tiene algunas de las romerías más famosas y multitudinarias de España. Son peregrinaciones religiosas mezcladas con tradición popular, música, caballos, carretas y convivencia. De todos conocida es la Romería del Rocío, actualmente la que atrae más peregrinos —este año ha congregado a un millón de personas— y una de las mayores de Europa. Miles de peregrinos —rocieros— llegan caminando, a caballo o en carretas atravesando Doñana hasta la aldea del Rocío en Almonte donde se levanta el santuario de la Virgen; otra es la romería de la Virgen de la Cabeza, considerada una de las más antiguas de España, con casi 800 años de historia. Cada último domingo de abril, docenas de cofradías filiales y cientos de miles de romeros y devotos suben al cerro del Cabezo en Andújar para acompañar y venerar a «La Morenita». En nuestra provincia tenemos sonados ejemplos como la conocida como «romería de los gitanos» de Cabra, cuyo destino es el santuario de la Virgen de la Sierra; la romería de la Virgen de Luna, entre Pozoblanco y Villanueva de Córdoba; o la de subida y bajada al santuario de la Virgen de Araceli en Lucena.
Ya señalé el mes pasado, como romería propia, la de San Marcos de Puente-Genil, santo evangelista venerado desde muy antiguo en nuestra tierra pero que no contó con una romería hasta 1978 y, curiosamente, no tiene como destino ninguna ermita o santuario, sino el campo. Pero si abrimos las páginas del libro de nuestra historia, vemos que los pontanos fueron muy de romerías, aunque de devociones foráneas y de entre ellas debemos destacar dos, que dieron lugar a la fundación de hermandades filiales de sus matrices respectivas. Me estoy refiriendo a la muy antigua de la Virgen de la Cabeza y la más reciente de la Virgen del Rocío o de las Rocinas, como fue conocida en un principio. Curiosamente, ambas devociones hunden sus raíces en dos pasajes o leyendas similares: el descubrimiento de sendas imágenes, por pastores o cazadores, la primera en 1227, entre las rocas del cerro del Cabezo en Andújar (Jaén) y la segunda a finales del siglo XIII o principios del XIV, escondida en el tronco de un árbol en el paraje llamado de las Rocinas en Almonte (Huelva) y que hay que enmarcar durante el proceso de Reconquista que sufrieron estas tierras por parte de los reyes Fernando III y su hijo, Alfonso X y el deseo de repoblarlas, dentro de una estrategia habitual en la época para consolidar el territorio cristiano y sacralizar antiguos puntos estratégicos.

A los pocos años de la aparición de la imagen de la Virgen de la Cabeza ya veremos construido un santuario en el cerro del Cabezo y fundada la primera hermandad, a la que se unirían otras muchas. Está documentado que entre los años 1505 y 1610 se constituyeron 67 cofradías filiales a la de Andújar. La romería se convirtió rápidamente en un punto de encuentro para pastores, monteros y cofradías de toda España (el propio Miguel de Cervantes la describe con asombro en su obra Los trabajos de Persiles y Sigismunda) y en 1573 llegaron a estimarse en más de doscientas mil las personas reunidas en el Cerro, según nos apunta el profesor Juan Carlos Torres Jiménez. La Virgen de la Cabeza comenzará a venerarse en la Puente Don Gonzalo desde fechas muy tempranas, tal vez porque todos los años pasaban por ella los romeros procedentes de Osuna, Teba, Pedrera y Estepa. Así, en 1575, en la parroquia mayor de Nª Sª de la Purificación se funda una hermandad en torno a esta advocación, allí celebraba sus cabildos, llegando a tener retablo propio y una imagen de la Virgen de la Cabeza que perduraría —aunque ya había desaparecido su hermandad— hasta 1936, en que,recibiendo veneración ahora en la ermita de la Concepción, fue quemada en los primeros días de la Guerra Civil. El nacimiento de la cofradía se enmarca en la enorme oleada de fervor mariano que recorrió la provincia de Córdoba en el último tercio del siglo XVI. Surgió principalmente impulsada por los gremios de ganaderos, pastores y agricultores de la villa, quienes mantenían un contacto constante con las dehesas y las rutas de Sierra Morena y lo hace antes que algunas de nuestras más antiguas cofradías penitenciales. Para ponerlo en perspectiva pensemos que la hermandad de la Virgen de la Cabeza de Puente Don Gonzalo ya peregrinaba a Andújar, antes de que imágenes como la del Santo Sepulcro o de Jesús Nazareno procesionaran por nuestras calles por vez primera. El mismo año de su fundación, 1575, hará su primera peregrinación al Cerro del Cabezo, desapareciendo la hermandad doscientos años después, en 1774, pocos meses después de que el Consejo de Castilla —lo que hoy llamaríamos Consejo de Ministros— ordenara por decreto en 1773 disolver todas las cofradías de Nª Sª de la Cabeza y prohibiera las romerías al Cerro y, aunque unos años después comenzaron las gestiones para levantar la prohibición, muchas de las antiguas cofradías filiales —como la de Puente–Genil— no consiguieron reponerse del parón del siglo XVIII y de la posterior crisis económica de la posguerra que trajo la invasión napoleónica, desapareciendo de forma definitiva. La imagen de la Virgen de la Cabeza de Puente-Genil es otra de nuestras grandes desconocidas pues, hasta la presente, no disponemos de fotografías o grabados de ella.
En los registros históricos de la Cofradía Matriz de Andújar, la hermandad de la Puente Don Gonzalo aparece ocupando el número 37 en el orden de antigüedad y protocolo de la romería de Sierra Morena, compartiendoeste puesto y el mismo año de fundación con la filial de Valdepeñas (Ciudad Real). Debido a esto, ambas cofradías tenían estipulado marchar juntas y coordinadas guardando la misma prioridad en los desfiles y subida al Real Santuario durante los siglos XVI y XVII. Curiosamente, en un manuscrito de cabildos de Andújar (fechado en 1564 y conservado en la Catedral de Jaén) ya aparecía citada «La Puente don Gonzalo» en una lista primigenia de 66 pueblos que enviaban peregrinos al cerro, lo que demuestra que antes de formalizar sus reglas en 1575, los pontanos ya realizaban el camino de manera organizada.En la actualidad, son varias las familias que a título particular se desplazan el último domingo de abril a tierras jiennenses, recorriendo la tortuosa carretera que lleva al santuario de la Morenita.
La Romería del Rocío tiene una evolución histórica muy diferente a la de la Virgen de la Cabeza. Mientras que la de Sierra Morena ya contaba con decenas de filiales en los siglos XVI y XVII, el Rocío se mantuvo durante mucho tiempo como una devoción eminentemente comarcal.Aunque la ermita existía desde el siglo XIV, la romería tal y como la conocemos hoy —en la fecha de Pentecostés— comenzó a configurarse a mediados del siglo XVII. En 1653, el pueblo de Almonte proclamó a la Virgen del Rocío como su patrona tras librarse de una epidemia de peste, institucionalizando la fiesta en primavera (antes se celebraba principalmente en septiembre). Durante los primeros siglos, la fiesta era organizada por Almonte (la Hermandad Matriz) con la visita de pueblos vecinos, pero no existía una estructura de «filiales» oficiales. Las primeras corporaciones en constituirse formalmente de cara a la Matriz fueron Villamanrique de la Condesa y Pilas en Sevilla, La Palma del Condado y Moguer en Huelva y Sanlúcar de Barrameda en Cádiz, en el siglo XVII. La Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Puente–Genil, fundada en el último cuarto del siglo XX,ocupa el número 61 en el orden oficial de antigüedad de las hermandades filiales de la Matriz de Almonte.
A falta de unas horas para que se produzca el momento culmen del «salto de la reja» por los almonteños y la Virgen salga de su santuario para visitar en la aldea a cada una de sus hermandades, veamos los orígenes de la nuestra, que se funda en 1982, en el que un grupo de pontanos materializó su fervor rociero tras años haciendo el camino de forma particular o con otras hermandades. La Hermandad Matriz de Almonte la admitió e inscribió oficialmente en su nómina el 18 de marzo de 1982. Fue apadrinada en su presentación oficial por la vecina Hermandad del Rocío de Écija (Sevilla) y tiene su sede en la Iglesia Parroquial de Santiago el Mayor, en Miragenil, donde cuenta con capilla propia y desde donde parte cada año su carreta con el Simpecado para cruzar el Guadalquivir y emprender el camino hacia las marismas onubenses. Antes de su salida, la Hermandad visita los santuarios de los patrones de Puente-Genil, la Inmaculada Concepción y Jesús Nazareno, a los que se encomienda para tener un buen camino. También dedica a la Virgen un triduo y función de regla en la parroquia de Santiago y ya en camino, el día 19 de mayo, en el cortijo «Torre Abad» de la localidad de Utrera ha celebrado este año una solemne eucaristía de Camino que ha sido presidida por Monseñor Jesús Fernández, obispo de Córdoba y concelebrada por varios sacerdotes. A lo largo de sus cuarenta y cuatro años de existencia ha contado con dos Simpecados, el segundo fue bendecido en 2016, salido del taller de Bordados Santa Clara de Sevilla con diseño de José Luis Sánchez Expósito, basado en el antiguo, mostrando en el centro una pintura de la imagen de la Virgen del Rocío, obra del artista local Javier Aguilar. La Hermandad cuenta con un gran número de hermanos y tiene casa propia en la calle Cigüeña de la aldea del Rocío. Deseo a todos los rocieros un feliz domingo de Pentecostés, que la Blanca Paloma los colme de bendiciones y tengan un feliz regreso.



















































