1ª lectura: Hechos de los apóstoles 13,14.43-52.
Salmo: 99 Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
2ª lectura: Apocalipsis 7,9,14b-17.
Evangelio: Juan 10,27-30.
A lo largo de nuestra historia vemos, cómo siempre han existido posturas que, enquistadas en los privilegios de unos cuantos, son signos de muerte y no caminos de vida para la vida misma. Los motivos y acusaciones para la Pasión de Jesucristo son una buena muestra de todo ello. La Palabra de Dios y el Evangelio son ese juicio crítico contra esas posturas enquistadas en el poder, el ser y el tener; tentaciones motivadas por nuestro egoísmo humano. Por eso la Palabra del Dios de la vida nos llama a todos los seres humanos de toda raza, lengua, lugar y creencias a trabajar por un mundo mejor desde el amor fraterno, tal y como hizo Jesús Nazareno.
Son muchas las personas que, desde la fe y la caridad, han dado su vida como Jesucristo por ese mundo mejor, esperanza futura para todos. Todas ellas viven ya en comunión con ese Dios de la vida que se sacrifica por nosotros, en esa resurrección gloriosa en la que el mal y la muerte ya no tienen ningún poder.
Jesucristo es ese Dios «Buen Pastor» capaz de dar vida y dar su vida por todo el género humano. No es ese Mesías que los judíos esperan desde el nacionalismo y el imperialismo, pues el verdadero Mesías, enviado por Dios, ha de ser el que sabe dar la vida por el pueblo que sufre; ha de ser el que conoce y ve la necesidad que tienen los seres humanos de vida verdadera y actúa de una manera nueva y diferente, comprendiendo la acción y el proyecto del Dios de la vida desde la misericordia y el amor que él nos transmite. Ha de ser uno con el «Padre Dios» como el mismo Jesús Nazareno nos dice: «El Padre y yo somos uno»; una verdad escandalosa para los que pensaban que Dios debía ajustarse a sus dogmas y no a la inversa.
Nuestra misión en esta vida es seguir los pasos del «Maestro», Jesucristo, para que, superando las dificultades que encontramos en nuestra existencia, liberemos del mal y de la muerte a los demás; con fe, esperanza, amor y alegría, generando verdadera justicia, paz y fraternidad.




















































