Hoy tenemos, la inmensa suerte de poder publicar el primero de los artículos con los que nos va a enriquecer, a partir de este domingo para PUENTE GENIL OK, nuestro flamante CRONISTA DE LA VILLA. Con un verbo curtido, un vasto conocimiento de la historia local, entregado por completo a la honorable distinción que ha recibido. Es, sin duda, un lujo poder leerlo, por lo que deseamos que cada uno de vosotros os enriquezcáis y degustéis, cada una de sus aportaciones. ¡Gracias, gracias, gracias!.
¡AGUA VA!
Francisco Javier Reina Jiménez- Cronista Oficial de la Villa
Claudia, Emilia, Harry… Pronto, a este ritmo, se van a agotar los nombres del santoral para bautizar las borrascas que se vienen sucediendo últimamente sin solución de continuidad. La última —Leonardo le han puesto— nos llega con reminiscencias del famoso artista del Renacimiento y hasta a la Mona Lisa se le hubiera borrado la sonrisa de la cara viendo los daños que el temporal está dejando en buena parte de España y, como no, en nuestro pueblo.
Ahora que por fin habían comenzado los esperados trabajos de restauración sobre el edificio fabril de La Alianza, sobrecogen las imágenes de la lámina de agua entrando por sus puertas, tragándose el terreno aledaño a la calle «Río de Oro», que, a este paso, la vamos a tener que renombrar como «Lago de Cieno», o como la famosa novela de Vicente Blasco Ibáñez, Cañas y barro, pues poco falta para ver al Tonet y la Neleta de la narración llegar en barca hasta las mismísimas puertas del Ayuntamiento. Y es que el Genil, a pesar del muro de contención que desde 1969 supuso el pantano de Iznájar, construido para paliar la incapacidad de almacenamiento que había demostrado tener el embalse de Cordobilla, parece tener memoria o añoranza de tiempos pasados inundando recurrentemente las calles de esta Villamanantera, a modo de plaga bíblica del Antiguo Testamento.
Aún sobreviven en la memoria colectiva de muchos pontanenses, las imágenes que nos han llegado, aún en blanco y negro, de aquella riada del río Genil del año 1963: vecinos rescatados en barcas de algunas de las calles inundadas, el agua por encima del puente cortando el acceso a Miragenil, el tablón de madera flotando con un can encima, cual perro de aguas redivivo en medio de tamaño desastre, o la conocida estampa de la guardia civil con capa y tricornio vigilando la peligrosa crecida a la altura de la Plaza Nacional.
En aquella ocasión las pérdidas materiales fueron de tal consideración que hasta el mismísimo Jefe del Estado, el general Franco, hubo de personarse para comprobar in situ los daños, realojando a los numerosos vecinos que quedaron sin vivienda en la que se llamaría «Barriada XXV años de Paz», que el resabio popular simplificó, llamando a aquellas viviendas «las casas de uralita», por estar construidas con este material y que estuvieron en pie desde 1964 a 1981.Fueron 356 viviendas, conformadas por 276 albergues provisionales, divididos en tres zonas, con 144, 72 y 60 viviendas cada una, además de otras 80 viviendas de tipo social, construidas por la Obra Sindical del Hogar, 8 escuelas, 24 locales de negocios y un alumbrado eléctrico de 54 puntos de luz con 200 lámparas de 220 watios, todo ello ubicado en el sector de Las Acacias, en el margen izquierdo perpendicular a la Avda. de la Estación, frente a la calle Juan XXIII, que se abre en el margen derecho.
El nuevo barrio fue inaugurado el 29 de diciembre de 1964, aunque el mal tiempo impidiera dar el acto la solemnidad requerida, por lo que la entrega de llaves hubo de realizarse en el salón de actos donde se ubicaba la Cooperativa Olivarera de «Nuestra Señora de los Desamparados» en la Avda. de la Estación, asistiendo cerca de 500 personas. Presidieron el acto el alcalde, Miguel Robledo Roldán; el delegado provincial de la Obra Sindical del Hogar, Jesús Aguilar Luna; el párroco de Santiago el Mayor de Miragenil, el reverendo Antonio de los Aires Lagares; el delegado comarcal de Sindicatos, Juan Segura Velasco; la delegada de la Sección Femenina, señorita María Jesús Moreno Carvajal y el cura párroco de Nuestra Señora del Carmen, Antonio Mejías Castilla, que bendijo las nuevas viviendas. El Ministerio de la Viviendo aportó 30 millones de pesetas y otros 8 millones la Obra Sindical del Hogar.
Dicen que al igual que hay devociones y santos a los que se reza para pedir la lluvia, existen otros para lo contrario y parece que entre los más fiables para esa misión están San Isidro, Santa Clara de Asís y hasta Santa Bárbara que, aparte de poder con los truenos, es más resolutiva, incluso, que esos aviones que recorren nuestros cielos deshaciendo las nubes. Supongo que cuando llegue la época de sequía nos acordaremos entonces del agua que está cayendo ahora, de ahí el dicho de que nunca llueve a gusto de todos, pero es que lo de ahora no es normal, o eso creemos y es que, como dice un amigo, ¡con tanta agua nos vamos a apulgarar! Esperemos que el paso de Leonardo, que ya ha dejado un rastro de destrucción importante, termine cuanto antes y podamos respirar en paz.
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FOTO: Viviendas XXV Años de Paz.
FOTOS: Imágenes de la riada de 1963


























































