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lunes, julio 15, 2024

Alberto San Juan y La Banda trasladan al público a Nueva York con la obra de Lorca  

Alberto San Juan y la banda obrera realizan una descarnada interpretación de la conferencia que Federico García Lorca pronunció, entre 1931 y 1935, relatando el proceso creativo de su poemario “Poeta en Nueva York”.


Las puertas del teatro se abrieron antes de la hora dispuesta para poder cumplir
con el tedioso, aunque necesario, protocolo inherente a la crisis sanitaria que todavía
nos afecta. Todo transcurre como debe ser: con paciencia y muda aceptación por parte
de los y las asistentes, y con esmero y meticulosidad por parte de los organizadores y
las organizadoras (el colectivo local ContraCultura).

Una vez dentro del hall encontramos, a la izquierda, una mesa donde aguardan los ejemplares que celebran el 80 aniversario de la publicación de “Poeta en Nueva York”, edición llevada a cabo por Joaquín Recio y la editorial Atrapasueños. Motivo por el cual pudimos disfrutar de la presencia de Alberto San Juan y la banda obrera en nuestra localidad.

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La sala tarda apenas unos diez minutos en ver sus localidades ocupadas. La
expectación es siquiera un murmullo, de nervios y contención, que rápidamente se
esfuma cuando el negro conquista la estancia. En ese momento donde el silencio
atempera los sentidos, un saxofón saja el solitario reposo de la oscuridad, recién
descubierta, mientras unos sucintos hilos de luz roja terminan por coronar el misterio
del teatro. Guitarra y contrabajo se unen para dar carne a la Aurora que, con voz grave
y ensombrecida, Alberto San Juan va recitando mientras entra en escena.


A partir de ese momento, somos transeúntes y testigos de la fatua Nueva York
del crack del 29. San Juan se desnuda en Lorca y Federico nos revela a nosotros, que no
somos más que la gastada sombra de aquella ciudad del oro y la arista sin raíz.
Viajamos a lomos de la agonía presenciando la prostitución de las culturas, el asesinato
de la inocencia, el mutismo de la masa, terrible, víctima y ejecutora del sistema de la
plata y el número. Somos el musgo que pudre las estatuas, el grito vacío del cielo
suicida. La nube ciega. La religión de la cadena. La expulsión de la carne distinta. La
negación del paraíso y la belleza. Somos la breve cordura de Lorca a través de la
demencial norma de la sociedad, con la que esclavos y señores sueñan.


No parece haber excesiva diferencia entre ese instante y el actual. Como las
niñas, que menciona Lorca, ahogadas en el pozo que son una y ninguna al mismo
tiempo, no desembocamos, no podemos desembocar de nuestro horror de agua
estancada y honda herida deshabitada. San Juan termina presentando a sus
compañeros: Claudio de Casas a la guitarra, Miguel Malla al Saxofón, Pablo Navarro al
contrabajo y Raúl Baena responsable de la iluminación.


El mascarón llegó, con su palpitante verdad de hielo y veneno, para recordarnos
que seguimos siendo los mismos. Con esta revelación despedimos la noche.

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