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La imagen del Resucitado y 75 años del primer desfile de figuras en Resurrección… por el Cronista de la Villa

Francisco Javier Reina Jiménez

Cronista Oficial de la Villa de Puente-Genil

El Domingo de Resurrección en PuenteGenil es uno de los momentos más espectaculares y singulares de toda la Semana Santa andaluza. No es solo el cierre de la Pasión, sino una auténtica celebración triunfal en la que se mezclan tradición, teatro popular y un impresionante despliegue visual.

Desde primeras horas, el ambiente cambia por completo respecto a días anteriores siendo la nota dominante la alegría desbordante: suenan las alegres marchas del Imperio Romano, repican las campanas y el pueblo entero se echa a la calle. El Imperio Romano celebra a las 10 h su anual eucaristía en el santuario de Jesús Nazareno y las figuras bíblicas comienzan a llegar a los aledaños de la ermita de la Vera Cruz para incorporarse al desfile procesional, donde ya esperan los pasos de este día.

Los protagonistas son los pasos de Jesús Resucitado, que representa la victoria sobre la muerte y de la Virgen de la Alegría, símbolo del gozo tras el dolor. Ambos recorren las calles en un ambiente festivo, con marchas triunfales, vítores y aplausos constantes.

Lo que hace único a PuenteGenil es su magno cortejo de figuras bíblicas, una tradición centenaria que convierte la procesión en una auténtica representación viva de la historia sagrada que se repite en este día desde que hace 75 años la imagen de Jesús Resucitado saliera por primera vez en procesión un 26 de marzo de 1951.

Cientos de figuras desfilan, organizadas en corporaciones y divididas en personajes del Antiguo y Nuevo Testamento y figuras alegóricas de la Religión. Cada figura viste ropajes muy elaborados, con túnicas, levitas, bordados, capas y símbolos en sus manos —llamados martirios— que identifican a cada figura y cuyos figurantes cubren la cara con los artísticos «rostrillos», cuya originalidad y riqueza fisonómica se complementan con elaboradas pelucas, diademas de plata y los más variados tocados con reminiscencias históricas. Las figuras bíblicas de Puente-Genil no solo desfilan, pues muchas dialogan con el público en tanto que interpretan y escenifican pasajes bíblicos, creando una atmósfera casi teatral, como así ocurre, entre otras, con los «Judíos de Azote», «Pretorio Romano», «Los Ataos», «Judío Errante e Ismael» o «Fariseo y Publicano», sin olvidarnos del impactante desfile de las escuadras del Imperio Romano, que aportan musicalidad, fuerza y espectacularidad y cuya presencia añade dinamismo y un contraste visual muy potente con las figuras bíblicas. El Domingo de Resurrección en PuenteGenil no es solo una procesión, es, al mismo tiempo, una fiesta popular, una representación histórica y religiosa y una explosión de identidad local. Todo el pueblo participa directa o indirectamente, convirtiendo este día en un espectáculo único en España, donde la fe, la tradición y la puesta en escena se funden en una celebración inolvidable.

Nuestras crónicas no aclaran cuándo empezó a celebrarse en Puente-Genil el Domingo de Resurrección, pues, aunque el Domingo de Pascua o de «Pascua Florida», como también se denomina a este día, la Iglesia lo ha celebrado desde muy antiguo como colofón al Triduo Pascual del Jueves, Viernes y Sábado Santo, ignoramos si el culto interno era rematado con alguna manifestación externa o procesión gloriosa que cerrara el ciclo pasionista y penitencial de los días anteriores en los que se rememora la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Sabemos que, en fechas tan tempranas como el año 1636, dos vecinos de la Puente Don Gonzalo, Antonio de Gálvez y Antonio Ruiz Pastrana, firmaron en la ciudad de Écija una escritura de compromiso y obligación de pago con el pintor ecijano Alonso de Gálvez para abonarle la suma de 260 reales que restaban por pagar de una imagen de Jesús Resucitado que los pontanenses le habían encargado el año anterior. Este artista que debería haber tallado y policromado la imagen para 1636, fecha que aparece en la base interior de la peana, bien porque fuera su manera habitual de proceder, bien por causa de la grave enfermedad que por aquel tiempo atravesó, subcontrató la hechura del Resucitado con el insigne escultor granadino Alonso de Mena y Escalante, pues así lo reconoce el primero en su testamento. Gracias a dicha circunstancia, Puente-Genil cuenta con una de las imágenes más valiosas de su Semana Santa, salida de uno de los escultores de mayor prestigio en el ámbito andaluz.

El Resucitado de Puente-Genil es de tamaño menor que el natural, pues mide 165 cm de altura, incluyendo la peana y la pequeña nube de la base donde se yergue la escultura, midiendo solo lo que es el Cristo, 141 cm, lo que hace pensar que la escultura no estuviera en un principio pensada para procesionar, sino para servir de remate u ocupar el nicho de algún retablo y recibir culto interno, sin que sepamos si los dos pontanenses que contrataron la hechura de la imagen lo hicieron representando a la parroquia o a alguna asociación religiosa, pues desde que se realizó la imagen hasta mediados del siglo XX no tenemos constancia de ninguna cofradía que lo tuviera como titular. En este caso, el Redentor ya no lleva paño de pureza como era habitual representarlo en épocas anteriores, sino que ahora aparece semicubierto con manto rojo, con el lábaro de la victoria en su mano izquierda y su mano derecha en la postura de bendecir. Al Resucitado de Puente-Genil no lo vemos en ademán levitatorio e ímpetu ascensional, como fue típico de este tipo de representaciones en la etapa artística del Manierismo, sino que Cristo está ahora firmemente apoyado en su pierna izquierda, presentando gustos barrocos, aunque sin llegar a asumir totalmente los cánones de este nuevo estilo. Con arreglo a las características que Alonso de Mena imprimía en sus imágenes, el Resucitado de Puente-Genil presenta un profundo pliegue del manto que lo surca en diagonal desde la cadera izquierda hasta el pie derecho. El ritmo zigzagueante del borde de los paños es característico del maestro granadino, que en el tratamiento anatómico del torso de la imagen ha plasmado una circunferencia perfecta que bordea el epigastrio, así como el perímetro acusadamente trapezoidal de los pectorales y el rectilíneo surco de separación de éstos con el peculiar frunce de los tejidos sobre el esternón. Según la descripción que de la talla nos hace el profesor Ángel Aroca Lara, destacan también el estriado sinuoso del cabello, que, a modo de blonda ondulante, enmarca el apuntado rostro y se derrama en guedejas sobre los hombros, la ubicación de la herida de la lanza en el antepenúltimo espacio intercostal, la tensión del cuello, las facciones pequeñas, el mentón despejado, la barba apuntada y bífida, la disposición de los bigotes con sus extremos hacia arriba o la peculiar separación del dedo índice de su mano izquierda, características todas ellas volcadas por Alonso de Mena en sus esculturas. Sobre la cabeza, el Señor porta potencias de plata y lo contemplamos en su paso saliendo de un sepulcro abierto. La escultura, a lo largo de su historia, ha sufrido numerosas restauraciones desde mediados hasta finales del siglo XX, entre las que podemos citar las realizadas por el escultor cordobés Miguel Arjona Navarro en 1985/86 y por el restaurador pontanés, José Manuel Cosano Cejas, entre junio de 2010 y marzo de 2011, en su taller de Rodrigo de Triana, 45, de la capital hispalense, actuando sobre los ensambles y uniones de las piezas de madera que forman la escultura, procediendo a la limpieza de la policromía y sobre todo a la recuperación de la encarnadura original, eliminando repintes, restaurando igualmente las zonas dañadas del estofado de la capa del Cristo. El paso sobre el que ha procesionado Jesús Resucitado desde 1951 también ha ido cambiando. Desde el cedido por la cofradía del Lavatorio en los dos primeros años, pasando por el realizado en los talleres locales de RENFE, al de madera tallada y dorada comprado en 1967 a la Real Cofradía de Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén y Nª Sª del Amparo de Málaga o el actual de metal plateado adquirido en 1978 a la hermandad del Cristo del Remedio de Ánimas de Córdoba, obra del taller de orfebrería de Manuel de los Ríos de Sevilla, que en años posteriores sufriría diversas reformas hasta su presente configuración.

No tenemos clara la ubicación que tuvo la imagen en sus primeros siglos; hay quien apunta su estancia en algún momento en la ermita de Santa Catalina, pero sí sabemos de cierto que en el siglo XX estaba ubicada en la ermita de la Vera Cruz y que fue una de las imágenes que se salvaron de la destrucción sufrida por otras esculturas religiosas de este templo durante la Guerra Civil. Allí se dirigieron en 1950 los hermanos de la recién constituida Hermandad Ferroviaria de Nuestro Padre Jesús Resucitado, con sede en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de la barriada de La Estación, para tomar a la imagen como titular y procesionarla, con permiso de D. Arturo Puentes Peña, párroco de Nuestra Señora de la Purificación, parroquia de la que dependía la ermita de la Vera Cruz y, por tanto, propietaria de la valiosa escultura, que la cedió a tal fin.

La presencia, por tanto, del Resucitado en nuestros desfiles procesionales, configurando el broche de oro de la Semana Santa pontanensa, se registra, como ya he apuntado, desde el año 1951, siendo su primer cofrade mayor, Francisco Luque Estrada y su primer hermano mayor, Domingo Arjona Sánchez. Primeramente, la salida oficial se empezó a hacer desde el convento de Nuestra Señora de la Victoria, recorriendo las calles del barrio bajo hasta 1953; luego, desde 1954, lo haría desde el santuario de Jesús Nazareno, bajando por la calle Amargura y siguiendo por el recorrido actual, hasta que en el año 1966 se decidió que su salida para el desfile del Domingo de Resurrección lo hiciera, tras su traslado desde la parroquia del Carmen y recorrido previo por las calles de su barrio, desde el compás de la ermita de la Vera Cruz, que es como ha llegado a nuestros días y donde se incorporan todas las figuras bíblicas, habiéndose perdido, lamentablemente, la participación de las representaciones de las distintas cofradías de Semana Santa que con estandarte y algunos hermanos, vistiendo sus respectivas túnicas, acompañaban en el cortejo.

Antes de esto, tenemos constancia de un incipiente y procesional Domingo de Resurrección desde el siglo XVII, protagonizado por la imagen del Cristo del Calvario que, tras su participación en el acto del Descendimiento de la Cruz, que tenía lugar en la plaza del Dulce Nombre de Jesús durante la tarde del Viernes Santo, era devuelto el domingo a su desaparecida ermita y sin andas, en piadosa procesión. Igualmente, durante el siglo XIX y hasta la proclamación en 1931 de la II República, que dio pie a la desaparición de muchas manifestaciones religiosas, sería la Virgen de la Guía de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que se veneraba en la iglesia de la Concepción, la que, tras ser bajada a la ermita de la Caridad el Domingo de Ramos para participar en el Sermón del Paso del Viernes Santo de mañana, volvía de nuevo a la Concepción el Domingo de Resurrección haciendo un pequeño recorrido, de ahí viene el antiguo dicho de que la Virgen de la Guía era la llave de la Semana Santa pues abría y cerraba los desfiles procesionales.

El Domingo de Resurrección en Puente-Genil fue, durante décadas, cita obligada de muchos visitantes de los pueblos comarcanos que colapsaban el barrio de la Matallana en su afán de conocer y disfrutar de este hermoso desfile procesional y que sólo dejarían de hacerlo cuando en sus respectivas localidades se empezó a celebrar dicho día, antes inexistente. Pese a ello, el Domingo de Resurrección, con la participación de la totalidad de nuestras figuras bíblicas y del Imperio Romano, no deja de ser un atractivo que concita el fervor de los pontanenses y sigue atrayendo a numerosos forasteros. En el año 2017, la cofradía decidió incorporar un nuevo paso de Virgen sin palio, con la advocación de Nuestra Señora de la Alegría, del escultor pontanés Sergio Torres Romero, que portada por su cuadrilla de costaleros pone el punto y final a una espléndida Semana Santa. Nada mejor para terminar esta reseña que los versos que María Teresa López Cosano le dedicara a Jesús Resucitado:

A JESÚS RESUCITADO

Sepulcro abierto… Augurio de esperanza.

Se cumplió la divina profecía.

Jesús resucitó al tercer día

y el hombre la eternidad alcanza.

Domingo de júbilo y alabanza.

La vida venció a la muerte impía.

Victorioso al pie de la losa fría

su figura emite fe y confianza.

Esta Villa bendita, se engalana,

y el desfile, ante el pueblo congregado,

engrandece toda la Matallana.

Y cada año, camino de la Estación,

nos bendice JESÚS RESUCITADO

con su amor y su Divina Redención.


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