Opinión

LA OBRA DEL ESCULTOR HISPANOARGENTINO FRANCISCO MÁRQUEZ EN PUENTE-GENIL… por Francisco Javier Reina Jiménez

LA OBRA DEL ESCULTOR HISPANOARGENTINO FRANCISCO MÁRQUEZ EN PUENTE-GENIL

Francisco Javier Reina Jiménez

Cronista Oficial de la Villa de Puente-Genil


El patrimonio artístico de una localidad no siempre está formado por grandes monumentos o por obras ampliamente conocidas. En muchas ocasiones, algunas piezas de notable interés pasan desapercibidas para la mayoría de los ciudadanos, al tiempo que sus autores permanecen injustamente relegados al olvido. Este es el caso de las esculturas que el artista hispanoargentino Francisco Julián Márquez Luque dejó en Puente-Genil, unas obras que ofrecen una magnífica oportunidad para acercarnos a la figura de un escultor cuya trayectoria vital y artística merece ser mejor conocida.

Entre las realizaciones que Francisco Márquez ejecutó para nuestra localidad destacan las dos esculturas conservadas en la Residencia «Santa Susana» de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. La primera de ellas representa a la Virgen María sentada sosteniendo al Niño Jesús en su regazo. Tallada en piedra caliza blanca, fue realizada en 2006 para el patio delantero de la nueva residencia inaugurada en el año 2000. El patio constituye el corazón de la residencia. Desde él parten los pasillos que comunican con las distintas dependencias del centro y, en su lado derecho, linda con el lateral de la iglesia de la Virgen de los Desamparados, a la que puede accederse directamente desde este mismo recinto. A la izquierda se extiende un amplio soportal que proporciona sombra durante buena parte del día y crea un lugar especialmente acogedor. Bajo él se disponen algunos veladores desde los que se puede disfrutar de la frescura que aportan las numerosas macetas y arriates, así como del sonido del agua de la hermosa fuente que ocupa el centro del patio y que corona la escultura citada. Sus múltiples surtidores añaden movimiento y belleza al conjunto. Para proteger este espacio de los rigores del verano se instaló un toldo mecánico sufragado por don Lorenzo Villafranca Melgar, benefactor de la comunidad religiosa en distintas ocasiones y cuya generosidad sigue siendo recordada con gratitud. Aunque se trata de una obra de gran delicadeza y calidad artística, su ubicación en el interior del recinto hace que sea desconocida para muchos pontanenses que nunca han tenido ocasión de descubrir este agradable espacio.

Años después, el escultor completó este conjunto con una imagen del mismo material de santa Teresa Jornet, fundadora de la congregación y patrona de la ancianidad. La santa aparece representada sedente, concentrada en la lectura de un libro, sobre un pedestal que incorpora el escudo de la institución religiosa. Esta escultura, situada en el jardín de entrada de la residencia, sí resulta más familiar para quienes pasan habitualmente por la calle Susana Benítez.

Estas obras son fruto del talento de Francisco Julián Márquez Luque (Montilla, 6 de junio de 1933–Aguilar de la Frontera, 17 de julio de 2020), escultor de sólida formación académica y dilatada trayectoria profesional. Nacido en el seno de una familia de orfebres, inició su aprendizaje artesanal a una edad muy temprana, cuando apenas contaba nueve años. Aquellos primeros contactos con el trabajo manual despertaron una vocación artística que terminaría marcando toda su existencia.

Como tantos españoles de su generación, marcados por la dura situación económica de la posguerra, tomó el camino de la emigración que llevó a la familia a buscar un futuro mejor, en busca de mejores oportunidades, lejos de España. A los dieciocho años partió hacia Argentina junto a sus padres y hermanos, estableciéndose en Berazategui, en la provincia de Buenos Aires. Los comienzos fueron difíciles, pero aquellas circunstancias no impidieron que continuara su formación. Mientras trabajaba para contribuir al sostenimiento familiar, cursó estudios artísticos en la Mutualidad de Estudiantes Egresados de Bellas Artes (M.E.E.B.A.), donde tuvo como maestro al escultor Antonio Sassone.

En 1957 concluyó sus estudios y abrió su propio taller, iniciando una intensa actividad creadora que se desarrolló principalmente dentro de los cánones del realismo figurativo. Durante décadas realizó monumentos, bustos y esculturas de carácter público que le otorgaron un reconocido prestigio en distintas ciudades argentinas. Sin embargo, también sufrió las consecuencias de los años más oscuros de la dictadura militar, padeciendo detención y malos tratos, experiencias que dejaron una profunda huella en su memoria.

Tras el fallecimiento de su madre, en 1988 regresó definitivamente a España. El retorno coincidió con una etapa de incertidumbre económica, pero también supuso el inicio de un nuevo periodo creativo. Comenzó entonces una nueva etapa en la que compaginó la creación artística con la docencia en la Escuela Taller de Montilla donde transmitió sus conocimientos a nuevas generaciones de artesanos y artistas. Instalado en Aguilar de la Frontera a raíz de su casamiento con la aguilarense Antonia Ariza Romero, continuó trabajando incansablemente y recibió numerosos encargos para localidades de toda Andalucía.

De su producción argentina destacan el busto dedicado a Patrick Pearse en la Plaza Irlanda de Buenos Aires, el Monumento a los Héroes de las Malvinas en Berazategui y la escultura de Almafuerte en Mar del Plata. Ya en España realizó obras tan significativas como la imagen de san Juan de Ávila para la fachada de la iglesia de los Jesuitas de Montilla, el busto del Gran Capitán, el Monumento a la Madre, los retratos escultóricos de san Francisco Solano y del Inca Garcilaso de la Vega, la imagen de san Martín de Tours para la fachada de su convento en Lucena o los monumentos y bustos dedicados a Blas Infante, Miguel Hernández y la Vendimiadora en Aguilar de la Frontera.

Dentro de este amplio catálogo artístico, las esculturas realizadas para las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Puente-Genil constituyen una muestra representativa de su estilo. En ellas se aprecia el cuidado modelado de las figuras, la serenidad de las expresiones y ese profundo sentido humano que caracteriza buena parte de su producción. Son obras concebidas para espacios de recogimiento y contemplación, donde la espiritualidad se expresa a través de una figuración sencilla, elegante y cercana.

Francisco Márquez falleció en Aguilar de la Frontera en julio de 2020, dejando tras de sí una extensa obra repartida entre Argentina y España. Aunque su nombre no siempre ocupa el lugar que merece en la historiografía artística contemporánea, su legado permanece vivo en plazas, jardines, iglesias y edificios públicos de ambos lados del Atlántico. Las esculturas que realizó para la Residencia «Santa Susana» forman parte de ese legado y constituyen, además, una invitación a redescubrir la trayectoria de un artista cuya vida estuvo marcada por el trabajo, el exilio, la superación personal y una permanente fidelidad a la escultura.

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