Opinión

JOSÉ DE SILES, EL BOHEMIO PONTANÉS QUE ENTREGÓ SU VIDA A LA LITERATURA… Francisco Javier Reina Jiménez (Cronista de la Villa)

Cronista Oficial de Puente-Genil

La vida bohemia , del pintor Alfred Pages.

Pocos personajes de la historia cultural de Puente-Genil reúnen una biografía tan intensa, compleja y novelesca como la de José Pérez de Siles y Varela. Periodista, poeta, narrador, crítico de arte, traductor y figura emblemática de la bohemia literaria española de finales del siglo XIX y comienzos del XX, desarrolló gran parte de su carrera en Madrid bajo el nombre de José de Siles, sin embargo, pese a la amplitud de su obra y al reconocimiento que alcanzó entre sus contemporáneos, terminó sus días prácticamente olvidado. Hoy, más de un siglo después de su muerte, la investigación académica está permitiendo recuperar a uno de los escritores más singulares nacidos en nuestra tierra.

Foto de 1875 en su libro «Las primeras flores»

La historia de José de Siles comienza en Puente-Genil a mediados del siglo XIX. Según consta en su partida bautismal, conservada en el archivo parroquial de Nuestra Señora de la Purificación, nació el 22 de abril de 1856 a las siete de la tarde en una vivienda de la calle Borrego, señalada entonces con el número 6. Este documento corrige la fecha del 12 de abril repetida durante años por distintas publicaciones y permite reconstruir con precisión sus primeros pasos. Recibió en el bautismo el nombre de José María de la Concepción Sotero y fue inscrito como hijo natural de Angustias Varela, siendo sus abuelos maternos José Varela, natural de Madrid, y Antonia del Campo, natural de Encinas Reales, aunque una anotación marginal incorporada años más tarde a su partida completa la historia familiar, informándonos que el niño era también hijo de José Pérez de Siles y Rivas, escribano y notario público de la villa, que sería cofundador de la Asociación de Historia Local en 1870, quien lo reconocería legalmente tras contraer matrimonio con Angustias Varela el 26 de agosto de 1863. La legitimación quedó registrada oficialmente en 1866 por orden del obispo de Córdoba.

Aquella circunstancia lo incorporó plenamente a una familia que ocupaba un lugar destacado en la vida cultural e intelectual pontanes. Los Pérez de Siles formaban una auténtica saga de notarios, pintores, historiadores y hombres de letras cuya influencia se prolongó durante buena parte del siglo XIX y que se remontaba a Juan de Dios Pérez de Siles y Ruiz (bisabuelo del poeta), notario y padre de ocho hijos, de los cuales tres le influyeron notablemente. Su abuelo paterno, José Pérez de Siles y Prado, fue notario, pintor, escultor, ilustrador y maestro de dibujo. Sus tíos abuelos Agustín y Manuel Pérez de Siles destacaron igualmente en los ámbitos de la historia local y la pintura. El primero, también notario, llegó a ser miembro de la Real Academia de la Historia, presidió la Asociación de Historia Local y fue el principal redactor de los célebres Apuntes Históricos de la Villa de Puente Genil junto a Antonio Aguilar y Cano. El segundo desarrolló una reconocida actividad artística en el campo de la pintura. No resulta difícil imaginar la influencia que aquel ambiente ejerció sobre el joven José, que crecería rodeado de libros, cuadros, conversaciones eruditas e inquietudes culturales. Diversas fuentes recuerdan la importancia que tuvo para él la biblioteca de su abuelo, donde descubrió desde muy temprana edad autores y lecturas que despertaron su vocación literaria. A ello se unió una notable facilidad para los idiomas y junto al latín llegó a dominar el francés y el italiano, una habilidad que años más tarde desempeñaría un papel fundamental en su labor como traductor. La coincidencia quiso además que naciera el mismo año que otro de los grandes nombres de las letras pontanas, Manuel Reina Montilla. Ambos, cada uno por caminos distintos, contribuirían a proyectar el nombre de Puente-Genil en los ambientes literarios españoles de la época.

Gran espectáculo (1889)

Tras cursar sus primeros estudios en el Seminario de San Pelagio de Córdoba y completar el bachillerato en el Instituto Aguilar y Eslava de Cabra, Siles abandonó Andalucía para instalarse en Madrid. Como correspondía al hijo de una familia de notarios, inició estudios de Derecho durante el curso 1872-1873, sin embargo, aquella etapa duraría poco. Muy pronto comprendió que su destino no estaba en los despachos ni en los protocolos notariales, cambiando las leyes por los estudios de Filosofía y Letras, abriendo así un camino tan incierto como apasionante que ya no abandonaría. Madrid era entonces el gran centro cultural del país, en sus cafés, periódicos y tertulias se debatían las corrientes literarias que estaban transformando la sociedad española y allí encontró José de Siles el escenario ideal para desarrollar sus inquietudes intelectuales.

Sus primeros versos se remontan a la adolescencia, pero fue en 1877 cuando inició su actividad literaria pública en El Eco. Revista Ilustrada Científico-Literaria. En aquellos años todavía firmaba como José Pérez de Siles, aunque poco después adoptó definitivamente el nombre literario de José de Siles, con el que aparecerían sus primeras obras poéticas, entre ellas Lamentaciones y el poema dramático Kristian. Durante la década de 1880 comenzó a abrirse paso en los ambientes literarios madrileños y publicó poemarios como La Quimera, Imago o El Diario de un Poeta, una obra en la que todavía se percibe la influencia de Gustavo Adolfo Bécquer. Su prestigio creció cuando obtuvo en 1882 un premio literario convocado por la Academia Montreal de Tolosa, institución que lo nombró posteriormente miembro titular, aunque la poesía, que siempre consideró su verdadera vocación, fue solo una parte de una actividad mucho más amplia. José de Siles perteneció a esa generación de escritores que hicieron de la prensa su principal medio de vida. Periodista incansable, trabajó en algunos de los periódicos más importantes de la España de la Restauración.

El profesor de Tours. Traducción de José de Siles (1889)

Formó parte de las redacciones de La Época, donde llegó a encargarse de los editoriales durante varios meses de 1885; El Pueblo y El Heraldo de Madrid, uno de los diarios de mayor difusión de la capital. Colaboró además en publicaciones tan conocidas como Nuevo Mundo, Pluma y Lápiz, La América, Revista de España, La Ilustración Nacional, Por esos Mundos, Madrid Cómico o Alma Española, entre más de una treintena de cabeceras, hecho que le permitió convertirse en una firma familiar para miles de lectores. A pesar de desarrollar su carrera en Madrid, nunca perdió el vínculo con su localidad natal, prueba de ello fue su colaboración en la revista pontanesa Pepita Jiménez entre 1895 y 1896, una participación que demuestra el afecto que siguió profesando a su pueblo incluso cuando ya formaba parte de los círculos culturales de la capital. Dentro de su producción periodística destacó especialmente su labor como crítico de arte. Heredero de una tradición familiar profundamente vinculada a las bellas artes, dirigió la revista El Mundo Artístico y publicó durante años artículos dedicados a exposiciones, escultores y pintores contemporáneos, unos trabajos que quedaron reunidos posteriormente en los volúmenes titulados Bellas Artes, una valiosa muestra de la crítica artística española de fin de siglo.

Retrato de José de Siles en el semanario Pluma y Lápiz. Literatura Contemporánea (1903)

Paralelamente desarrolló una extensa obra narrativa. Aunque escribió varias novelas, el grueso de su producción se concentró en el cuento, género que encontró en la prensa un vehículo ideal de difusión. Colecciones como Historias de amor, Un joven sensible, Mariposuelas, Pasiones de fuego o Los mil y un cuentos revelan a un autor atento a los conflictos humanos, las desigualdades sociales y las emociones cotidianas. La crítica de su tiempo llegó a considerarlo uno de los representantes más interesantes del naturalismo literario español. Novelas como La seductora, Juana Placer, La niña mártir o La hija del fango muestran precisamente esa influencia naturalista que caracterizó buena parte de la narrativa europea de finales del siglo XIX. Otra faceta fundamental de su trayectoria fue la traducción. Gracias a su dominio del francés y del italiano acercó al público español obras y autores que representaban algunas de las corrientes más innovadoras de la literatura europea. Tradujo novelas francesas de gran éxito y realizó versiones de poetas y escritores que apenas eran conocidos en España. Las investigaciones recientes han puesto de relieve la importancia de esta labor. José de Siles puede ser considerado uno de los primeros traductores españoles de autores como Giosuè Carducci, Paul Armand Silvestre, José María de Heredia o Jean Richepin; también tradujo textos de Goethe, Verlaine, Rodenbach o Murger e introdujo incluso fragmentos del futurismo italiano cuando todavía era una novedad para el lector español.

Acuarelas del Redondel. Narraciones taurinas y chulescas (1906)

Como tantos escritores de su tiempo, vivió permanentemente al borde de la precariedad económica. Ganaba dinero escribiendo artículos, cuentos y traducciones, pero una parte considerable de esos ingresos la destinaba a financiar sus propias publicaciones poéticas. La poesía era para él mucho más que un género literario y se convirtió en una auténtica obsesión, tal vez animado por la exitosa producción de su paisano Manuel Reina, que residía también en Madrid dedicado a la política y a la creación lírica, por lo que convencido de que allí residía la esencia de su obra, dedicó grandes esfuerzos y recursos económicos a imprimir sus versos. A finales del siglo XIX intentó reunir toda su producción poética en una colección de diez tomos, proyecto del que solo llegaron a publicarse dos volúmenes. Su situación económica mejoró temporalmente tras la muerte de su padre en 1904, cuando recibió una herencia que parecía ofrecerle cierta estabilidad, sin embargo, lejos de asegurar su futuro, empleó buena parte de aquel dinero en un ambicioso proyecto editorial y con la colaboración del librero Gregorio Pueyo, que le ayudó en la distribución y venta de ejemplares, impulsó la publicación de cerca de una veintena de títulos propios, pero la iniciativa, aunque admirable desde el punto de vista literario, resultó un fracaso comercial y a partir de entonces su producción comenzó a disminuir. Los años de mayor actividad habían quedado atrás y la figura de José de Siles empezó a difuminarse en una escena literaria cada vez más dominada por nuevas generaciones, aun así, seguía siendo una personalidad conocida en los ambientes bohemios madrileños. Su imagen quedó inmortalizada en numerosos testimonios de la época; en 1903, la revista Pluma y Lápiz, semanario hispanoamericano de literatura y arte, lo describía como un trabajador infatigable, un periodista de raza y un poeta inspirado cuyas obras llegaban al alma de los lectores; muy diferente fue el retrato trazado pocos años después por Emilio Carrere, amigo y compañero de labores literarias, quien en una semblanza publicada en 1907 lo presentaba como uno de los últimos supervivientes de la vieja bohemia madrileña, un hombre generoso, entusiasta y mujeriego que había conocido la pobreza extrema sin renunciar jamás a sus ideales literarios. También el crítico Andrés González Blanco lo definió en 1909 como «el último de los bohemios de la pasada generación», destacando precisamente su fidelidad a una forma de vida que muchos de sus compañeros habían abandonado.

Comedia «El demonio moderno»

La bohemia fue, en efecto, una de las constantes de su existencia. Vivió siempre entre la pasión creadora y las dificultades materiales. Sus sucesivos domicilios reflejan con claridad ese progresivo deterioro económico, pues del centro de Madrid pasó a barrios más modestos y terminó instalándose en Canillejas, que antes de pasar a ser parte de la capital era por entonces una población situada en el extrarradio madrileño. Allí transcurrieron sus últimos días. En junio de 1911 fue encontrado gravemente enfermo en la carretera de Canillejas y trasladado al Hospital Provincial de Madrid, había sufrido una hemorragia cerebral de la que ya no lograría recuperarse, falleciendo el 24 de junio de 1911, a las ocho y media de la mañana, hace ahora 115 años. Tenía cincuenta y cinco años, había permanecido soltero y apenas conservaba junto a él a algunos familiares y amigos. Su entierro, celebrado el 28 de junio en el cementerio de La Almudena, resultó tan discreto como simbólico; la comitiva partió desde el Depósito Judicial de Cadáveres de la calle Santa Isabel y a él acudieron algunos compañeros de profesión y un hermano del escritor, pero la asistencia fue escasa. Resulta difícil encontrar una imagen más representativa del destino de tantos hombres de letras de aquella generación que fueron admirados en vida por sus colegas y olvidados con rapidez por el gran público. Pocos días después, nuevamente Emilio Carrere, escribía unas líneas cargadas de emoción en las que resumía la tragedia del escritor bohemio que había sacrificado todo por el arte. Según el periodista madrileño, José de Siles había dedicado medio siglo de vida a la literatura sin obtener apenas recompensa material, dejando tras de sí una extensa producción de poemas, cuentos y trabajos críticos. La prensa de aquellos días publicó varias necrológicas que coincidían en destacar el mismo rasgo: su absoluta entrega a las letras. Para unos, José de Siles fue un soñador incorregible, para otros, un ejemplo de independencia intelectual, si bien todos reconocían que desaparecía una figura característica de una época que también comenzaba a extinguirse.

Libro de cuentos «La casa de la alegría » (1905)

Durante décadas, José de Siles quedó relegado a un segundo plano dentro de la historia literaria española, no obstante, los estudios realizados en los últimos años están permitiendo comprender mejor la importancia de su trayectoria. Entre los investigadores que más han contribuido a esta recuperación destaca Emilio José Ocampos Palomar, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, cuyos trabajos han iluminado aspectos esenciales de su obra poética, narrativa y traductora. Gracias a estas investigaciones sabemos hoy que José de Siles fue mucho más que el personaje pintoresco que describieron algunos de sus contemporáneos, fue un periodista cultural de primer nivel, un crítico de arte respetado, un traductor pionero y un escritor que participó activamente en la modernización de la literatura española entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Como ha señalado la profesora Marta Palenque, de la Universidad de Sevilla, su biografía parece reunir todos los elementos del mito bohemio: sacrificio, pobreza, pasión artística y olvido; pero reducirlo a esa leyenda sería injusto, pues más allá del personaje permanece una obra extensa y diversa que merece ser conocida y leída.

Foto de madurez José de Siles

En los últimos años, además, la labor de recuperación emprendida por la editorial electrónica Ganso y Pulpo ha permitido volver a poner al alcance de los lectores buena parte de unos textos que durante décadas permanecieron prácticamente inaccesibles, por lo que ahora resulta posible redescubrir a un autor cuya trayectoria constituye un valioso testimonio de la vida literaria española de su tiempo. Los volúmenes reeditados pueden leerse gratuitamente en el sitio https://gansoypulpo.com/autor/siles/

Os animo a su lectura para conocer la obra de nuestro paisano y comprenderéis que José de Siles fue mucho más que un bohemio, pues dedicó toda su existencia a la literatura, incluso cuando esta dejó de recompensarlo y quizá por eso, más de un siglo después de su muerte, sigue siendo una de las figuras más humanas, complejas y fascinantes que ha dado Puente-Genil, esa «humilde aldea» con que Siles denominaba romántica y amorosamente nostálgico a su pueblo, que bien debía testimoniar su reconocimiento a este preclaro hijo rotulando una calle en su honor o colocando una placa en la fachada de la casa donde nació, para imperecedera memoria.

José de Siles, artículo sobre flamenco en el semanario madrileño Iris
Artículo de José Siles en Nuevo Mundo, 4 de junio de 1896
Emilio Carrere sobre Siles en el semanario Madrid Cómico de 1 de julio de 1911

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